Al final, después de preguntar por todos lados, no lograron recuperar el texto de la presentación.
Guillermo estaba tan furioso que se levantó de golpe de su asiento.
—¿Cómo es posible que haya gente tan malintencionada en la escuela? ¡Se atrevieron a meterse con mi nieta! Esto no se va a quedar así, van a ver de lo que soy capaz —gruñó, con el rostro encendido por la rabia.
—Tranquilo, papá —Emilio, viendo que su padre estaba a punto de explotar, lo empujó suavemente de vuelta a su asiento y se puso de pie él mismo. Con el ceño fruncido y la voz firme, dijo—: Déjame ocuparme de esto.
Justo en ese momento, Vanessa regresó y se topó con la escena. Con una mezcla de resignación y cariño, puso las manos sobre los hombros de Emilio y lo sentó de nuevo.
—Los dos, siéntense bien. Esperemos a que termine el concurso y después investigamos quién fue.
Emilio seguía con la preocupación marcada en el rostro.
—¿Y ahora qué vas a hacer? Ya casi te toca salir y sin tu texto, ¿cómo vas a dar la presentación?
Guillermo también tenía la mirada tensa, la mandíbula apretada.
—Eso, Vane. Hoy hay muchísima gente aquí. Quien haya hecho esto seguro está esperando que hagas el ridículo delante de todos.
Solo de imaginar que alguien había planeado dejar en ridículo a Vanessa, tanto Emilio como Guillermo sentían que la sangre les hervía. Si por ellos fuera, ya habrían desenmascarado y enfrentado al culpable.
Vanessa los miró a ambos, con una tranquilidad que no parecía de este mundo. Habló con voz clara y decidida:
—No se preocupen. No voy a quedarle mal a nadie. Confíen en mí.
En ese momento, el presentador mencionó el nombre de Vanessa.
Sin titubear, ella subió al escenario.
Tomó el micrófono que le pasaron, pero en lugar de empezar el discurso, sonrió y dijo:
—Hace unos minutos, perdí mi texto para la presentación.
Apenas terminó la frase, varios estudiantes de otras escuelas empezaron a gritarle, cargados de mala intención.
—A ver, ¿de verdad lo perdiste o solo no quieres salir porque te da miedo hacer el ridículo? —gritó uno.
—Sí, si te vas a echar para atrás dilo de una vez, no inventes que perdiste el texto. Mejor sé honesta —se sumó otro.
—Seguro ni siquiera sabes inglés y por eso te inventaste ese pretexto —burló otro más, entre risas.

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