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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 305

Casi al mediodía, la temperatura de Vanessa fue bajando poco a poco, y su mente comenzó a despejarse.

Abrió los ojos con lentitud y, de repente, distinguió la silueta de Emilio.

¿No se suponía que él estaba en Nueva Alameda? ¿Qué hacía aquí?

No podía ser, seguro era una alucinación por la fiebre, se dijo Vanessa, intentando desechar esa idea de inmediato.

Sin embargo, esa figura tan familiar se acercó paso a paso hasta quedar frente a ella, y su voz, cargada de una alegría contenida, la sorprendió:

—Vane, ya despertaste. ¿Tienes hambre?

Vanessa se dio cuenta de golpe: esto no era un sueño.

—¿Qué haces aquí? —preguntó, confundida—. ¿No deberías estar en Nueva Alameda?

Emilio soltó una risa suave y resignada:

—Ay, hija, estás enferma. ¿Cómo no iba a venir tu papá a cuidarte?

Al verla intentar incorporarse, Emilio se apresuró a ayudarla: ajustó la cama, acomodó el respaldo y se aseguró de que estuviera cómoda.

—¿Qué se te antoja comer? Yo te lo traigo —dijo, mirándola con preocupación. Apenas habían pasado dos días sin verla, pero Emilio sentía que Vanessa había adelgazado mucho, y eso le partía el alma.

—Quiero tamales —murmuró Vanessa, apenas audible. Quizá por la enfermedad, su voz sonaba rasposa y frágil.

Cuando uno está enfermo, todo se siente más vulnerable.

Vanessa no era la excepción. En ese momento, al escuchar a Emilio preguntando y cuidándola, sintió un nudo en la garganta y los ojos se le humedecieron.

—Perfecto, ahorita mismo voy por tamales —dijo Emilio, sonriendo con ternura. Le encantaba consentir a su hija, y en el fondo, sentía una satisfacción inmensa por poder cuidarla.

Apenas Emilio salió, Vanessa se quedó paralizada.

Acababa de mostrarle a Emilio su lado más vulnerable.

¿Por qué? Si siempre había sido una chica fuerte, una que no se dejaba vencer por nada.

Dejar la familia Leyva y entrar a la universidad en Santa Rosa del Valle era su primer paso para alejarse de ellos. Todo parecía ir según su plan, pero… ¿por qué no se sentía feliz?

Frunció el ceño y, con la mirada perdida, se quedó viendo por la ventana.

...

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