Apenas Vanessa terminó de hablar, las miradas de todos hacia Sofía cambiaron al instante.
—Esa Sofía agarró una canción de amor entre héroes y la bailó como si fuera una danza prohibida. ¡Qué asco me da!
—Sí, de verdad que no sé en qué está pensando. Hasta se atreve a burlarse de los héroes.
—¿Y así se atreve a llamarse la chica más brillante de la Universidad Santa Rosa del Valle?
—Antes de bailar, ni se tomó la molestia de revisar el significado de la letra. ¿Para qué se mete a bailar a lo loco?
—Qué desagradable, ya no me cae bien. Desde ahora Vanessa será mi diosa.
—Yo también pienso que Vanessa tiene mucho más talento que Sofía.
—Deberían darle el título de la mejor estudiante de la Universidad Santa Rosa del Valle a Vanessa. Ella sí se lo merece.
...
Sofía no entendía por qué, en tan poco tiempo, las miradas de sus compañeros pasaron de admiración y apoyo a rechazo y desprecio.
Se sentía tan impotente que apenas podía hablar:
—No es cierto, yo no sabía, de verdad no tenía idea…
El color se le fue del rostro. Tenía la voz quebrada:
—Si hubiera sabido lo que decía la letra, jamás lo habría bailado así…
Vanessa la miró y sonrió de lado, lista para marcharse de ahí. Pero justo entonces, un tipo vestido con traje se adelantó y la detuvo.
—Pide disculpas —espetó el hombre con el ceño fruncido, mirando a Vanessa con dureza.
Al escuchar esa voz, Vanessa se quedó helada por un segundo.
Alzó la vista y se topó con unos ojos negros e intensos.
El mismo que, en su vida pasada, hubiera querido ver mil veces derrotado, ahora estaba frente a ella.

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