Valeria no dijo nada, solo le revolvió el cabello a Bruno con cariño y luego se acercó a Vanessa.
La miró con ojos llenos de gratitud.
—Vane, te he dado tantos problemas estos días.
—Para nada, tu hermano se ha portado muy bien —respondió Vanessa, tranquila.
Al oír eso, a Bruno se le tiñeron las orejas de un leve tono rosado, incapaz de ocultar su vergüenza.
Valeria conversó un rato más con Vanessa, y ya cuando se disponía a irse, Vanessa la detuvo.
—Espera, llévate esto.
Le extendió una carta de presentación, el papel bien cuidado entre sus dedos.
—¿Qué es esto? —preguntó Valeria, sin entender.
—Es una carta de presentación para el Centro de Investigación Médica Santa Rosa del Valle —explicó Vanessa, con voz serena—. Llévala y así podrás internar a Bruno sin tener que estar yendo y viniendo todo el tiempo.
El Centro de Investigación Médica Santa Rosa del Valle reunía a los mejores expertos en medicina de todos los campos. Cualquier médico que trabajara ahí era una eminencia, y podía competirle sin problema al Instituto Biológico Nahual de Nueva Alameda. Sin embargo, este centro era tan exclusivo y misterioso que nadie podía entrar sin una carta de presentación.
Valeria miró la carta en sus manos, atónita.
—¿Cómo conseguiste una carta para el centro de Santa Rosa del Valle?
Vanessa no quiso dar más detalles.
—Ya lo sabrás después. Por ahora, apúrate y lleva a Bruno a internarse.
Valeria estaba acostumbrada a la habilidad de Vanessa para resolver cualquier cosa. Sabía que podía confiar en ella a ojos cerrados.
De nuevo, Vanessa la había ayudado. Ya ni sabía cuántas veces la había salvado de un apuro.
—Vane, en serio, gracias... No sé cómo agradecerte todo lo que has hecho por mí —dijo Valeria, recibiendo la carta. Al mirar el papel, sus ojos se humedecieron.
Vanessa solo negó con la cabeza, resignada.
—Ya te dije que no me des las gracias. No somos solo colegas, también somos amigas.
...

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