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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 330

Diego miraba atónito la escena frente a él. Tardó un buen rato antes de atreverse a hablar.

—¿Señorita Leyva?

Un alto ejecutivo cercano a él, al escuchar su voz, se apresuró a explicar:

—Ella es nuestra presidenta en Vitalis Synth, la señorita Leyva.

—¿Tú eres la presidenta de Vitalis Synth? —Diego quedó paralizado, viendo a Vanessa como si le costara asimilar la noticia—. No puede ser... eso es imposible.

Vanessa le sonrió, sin intención de dar más explicaciones. Habló con voz firme:

—Mejor vete, tu entrevista no fue aprobada.

El semblante de Diego cambió de inmediato.

—¡Ni siquiera me he presentado! ¿Con qué derecho rechazas mi entrevista?

Mientras decía esto, buscó la mirada de los demás presentes en la sala de juntas.

Varios ejecutivos movieron la cabeza en silencio.

Alguien, con tono amable pero seguro, le advirtió:

—Señor Alejandro, le pedimos que se retire. Nuestra presidenta ha dejado muy claro que en la empresa no se contrata a nadie relacionado con la familia Sánchez de Nueva Alameda.

En ese momento, el mundo de Diego se sacudió. Observó a todos con seriedad, preguntando:

—¿De verdad ella es la presidenta de Vitalis Synth?

El gerente de recursos humanos intervino, directo:

—Por supuesto, señor Alejandro. No tenemos razón para mentirle, y tampoco hay nada que ganar engañándolo.

Finalmente, Diego aceptó la realidad.

Conocía la fuerza de Vitalis Synth. Jamás imaginó que detrás de esa empresa, tan poderosa, estuviera una joven de apenas dieciocho años. Y menos aún que esa persona fuera su propia hermana.

El recuerdo de todo lo que había pasado con la familia Sánchez comenzó a pesarle, y su rostro se ensombreció.

Fijando la mirada en Vanessa, preguntó con voz temblorosa:

—¿Fuiste tú? ¿Tú fuiste quien planeó la ruina de la familia Sánchez?

La mirada de Diego se volvió más opaca. Si la presidenta de Vitalis Synth hubiera sido cualquier otra persona, habría pensado que solo era otro juego despiadado en el mundo de los negocios. Pero al ser Vanessa, la duda lo carcomía.

Vanessa jugaba con su bolígrafo, distraída. Al escuchar, les dijo a los demás:

—Déjenos solos, por favor.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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