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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 355

—Diego, Vanessa es una tonta. Ella solo quiere que la familia Sánchez la quiera, pero yo no soy igual. Yo solo quiero plata y posición —dijo Celeste con desdén, sin molestarse en disimular.

—Ya te lo dejé bien claro, ahora soy hija de Maximiliano y no tengo nada que ver con Alejandro. Así que ustedes, los Sánchez, no me busquen nunca más. No quiero que mis compañeros me vean juntándome con gente pobre —añadió, girando sobre sus tacones y alejándose con paso firme hacia el auto descapotable estacionado junto a la banqueta.

Diego se quedó parado en la entrada de la Facultad de Artes, completamente deshecho. Todo su cuerpo temblaba; sentía como si lo hubieran vaciado por dentro.

Fue su culpa. Le había fallado a Vane. No era más que un desagradecido.

La gente iba y venía en la puerta de la universidad. Algunos se le quedaban viendo de reojo, otros simplemente le sacaban la vuelta, pensando que estaba mal de la cabeza.

Alguien, incapaz de soportar la escena, se le acercó con cautela:

—Señor, ¿está bien? ¿Quiere que le llame una ambulancia? —preguntó el desconocido, mostrando preocupación genuina.

Diego levantó la vista, el semblante endurecido, y le gritó con furia:

—No estoy enfermo, ¡lárgate de aquí!

El hombre se sobresaltó, dio unos pasos atrás y casi pierde el equilibrio.

Al recuperar la compostura, el tipo lo señaló con coraje:

—¡Mira nada más! Yo, por buena onda, me preocupo por ti y así respondes, ¡qué poca!

Los ojos de Diego estaban inyectados de sangre, la razón ya lo había abandonado.

—¡Vete! —gruñó, casi escupiendo las palabras.

—Pinche loco —masculló el otro, y decidió no meterse más.

...

El lunes, Diego llegó a la Universidad Santa Rosa del Valle.

La Universidad Santa Rosa del Valle era la institución más prestigiosa del país; cada día miles de personas la visitaban. Por eso, habían instalado casetas de vigilancia en cada entrada, y la seguridad era altísima. Bastaba con explicar la razón de la visita y, si te autorizaban, podías entrar.

Diego, en su momento, no había logrado entrar a la Santa Rosa del Valle; terminó estudiando en la Universidad Nueva Alameda.

Ahora, parado dentro del campus de Santa Rosa del Valle, no pudo evitar sentirse aún más impresionado por lo lejos que había llegado su hermana.

Sentía orgullo por ella, un orgullo que le llenaba el pecho y le apretaba la garganta.

Diego empezó a caminar solo, observando cada rincón del campus, tratando de absorberlo todo.

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