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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 371

A la mañana siguiente, Santa Rosa del Valle amaneció bajo la lluvia. El clima se puso gélido de golpe y el viento afuera sacudía las hojas de los árboles, haciendo un ruido constante que llenaba el ambiente.

Ezequías ya estaba esperando abajo, tal como habían acordado. Puntual como reloj, sostenía un paraguas bajo la lluvia.

Mientras tanto, Vanessa seguía sentada tranquilamente en el sofá, entretenida jugando con el pequeño gato que tenía entre los brazos. Oreo, medio dormido y con la pancita al aire, se acurrucaba más cerca de su dueña, ronroneando feliz.

Desde donde estaba, Vanessa podía ver perfectamente a Ezequías parado allá abajo, bajo la lluvia, solo con una camiseta ligera y de manga corta. En Santa Rosa del Valle hacía apenas once grados ese día.

Debe estar congelándose, pensó Vanessa con malicia. Si se muriera de frío, no me molestaría nada.

De pronto se le vino a la mente una escena de su vida pasada. Recordó el día en que fue a buscar a Marcelo; esa vez también llovía a cántaros y ella no había llevado paraguas. Llamó a Marcelo:

[Marcelo, ¿puedes venir por mí?]

Pero quien contestó fue Ezequías, con una voz cargada de fastidio:

[Hoy es el cumpleaños de nuestra Sofía. Si te mojas un poco no te vas a morir, deja de exagerar.]

Y colgó sin más.

Ezequías, que era amigo de Marcelo, jamás la soportó. En su vida anterior la humilló más de una vez.

Pero en esta vida, Vanessa pensaba devolverle con creces cada humillación. Ezequías, esto apenas empieza.

El tiempo acordado estaba por cumplirse, pero Vanessa no parecía tener ninguna prisa por salir.

Un rato después, tomó el celular con toda la calma del mundo y le envió un mensaje a Ezequías:

[Espera un poco, todavía me voy a tardar en bajar.]

La respuesta llegó enseguida:

[No te preocupes, tómate tu tiempo.]

Vanessa esbozó una sonrisa burlona. Todo un perrito obediente, pensó.

Dejó de lado el celular y volvió a jugar un rato más con Oreo. No fue hasta que ya había pasado casi una hora desde la hora pactada, que Vanessa finalmente se levantó del sofá.

Se puso cualquier ropa para salir, sin maquillarse ni arreglarse, y bajó despacio en su propio elevador.

Aunque Ezequías tenía buena condición física, estar casi una hora bajo la lluvia y el viento, solo con una camiseta, hizo que terminara empapado y temblando.

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