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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 381

Días después, Frida organizó una reunión especial. Dijo que quería presentarles a un nuevo amigo y de paso invitó a varios del grupo de siempre.

La verdad, a nadie le importaba mucho conocer a ese nuevo amigo.

En ese momento, alguien se acercó en voz baja.

—Oye, Frida, ¿tú crees que Paloma Vera sí venga hoy?

—Por supuesto que viene —contestó Frida, mirándolo con una expresión cortante, casi rechinando los dientes.

Por dentro, Frida rodó los ojos: ahí va el típico interesado, a ver si logra quedar bien con Paloma.

La familia Escobar en Santa Rosa del Valle era de las que tenían dinero, pero ni de broma se comparaba con los verdaderos pesos pesados de la ciudad. En cambio, la familia Vera jugaba en otra liga: su influencia era tan grande como la de los Flores, la familia más poderosa de Santa Rosa del Valle. Solo que los Vera preferían mantenerse bajo perfil y Vanessa Vera jamás se metía en las peleas de poder de la ciudad.

Frida sabía perfectamente que la mayoría de esos chicos y chicas de su círculo solo le mostraban respeto a Paloma por su apellido, pero a ella eso ni le quitaba el sueño. Lo suyo era pasarla bien.

No pasaron ni cinco minutos cuando Paloma llegó.

—¡Por fin llegaste! Ya hasta perdí la cuenta de las veces que te rogué que vinieras —exclamó Frida al verla, corriendo a su lado y jalándola hacia sí.

A Paloma nunca le gustó el contacto físico, así que con total naturalidad se soltó de Frida y se acomodó en el sofá. Su voz salió tranquila, casi indiferente.

—Entonces, ¿a quién me vas a presentar hoy?

Frida no le dio importancia y, viendo la pose de Paloma como si fuera la reina de la alta sociedad, no pudo evitar rodar los ojos otra vez.

—Paloma, ¿por qué no te miras al espejo para que veas la cara con la que llegaste? Das miedo, cualquiera pensaría que te debo mil millones de pesos.

Mientras Frida desbordaba energía, Paloma era la imagen misma de la calma.

Asintió y le dedicó una media sonrisa.

—Hoy para poder venir cancelé un proyecto de dos mil millones. Así que sí, me debes dos mil millones.

Frida se quedó boquiabierta. Nunca había visto a alguien tan descarado. Y al pensar en la dulce y tierna Vanessa, el contraste la hizo enfurecer todavía más.

—¡Paloma, ya ten tantita vergüenza!

Paloma ni se molestó en contestar. Se acomodó y miró a su alrededor, buscando algún rostro nuevo.

Frida, notando lo que hacía, puso los ojos en blanco.

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