—Sal, vamos a dar una vuelta.
Vanessa justo estaba revisando el celular cuando recibió ese mensaje. Respondió enseguida:
[¿Dónde? Mándame tu ubicación.]
Esa respuesta tan directa parecía sacada de una conversación entre jefe y empleado. Ezequías no pudo evitar soltar una carcajada.
—Mira nomás cómo se ríe, parece que nunca le habían invitado a salir —aventó Martín, con una mueca burlona.
—Parece que Ezequías sí está bien clavado —añadió Marcelo, sacudiendo la cabeza.
Marcelo y Martín siempre habían sentido curiosidad por la novia de Ezequías. No entendían cómo una muchacha había logrado que él dejara atrás esa larga obsesión de cinco o seis años por Sofía. Para ellos, ninguna mujer en el mundo podía compararse con Sofía.
Cuando Vanessa llegó al lugar, Ezequías bajó personalmente a recibirla.
Subieron juntos. Ezequías entró primero, con Vanessa pisándole los talones.
En cuanto Marcelo y Martín vieron a Vanessa, ambos abrieron los ojos como platos y se levantaron del sillón casi al mismo tiempo.
—¿Tú? ¿Cómo que eres tú? —exclamó Martín, tan sorprendido que hasta la señaló con el dedo.
Al lado, Marcelo mantenía la calma, aunque desde que Vanessa entró no dejó de observarla ni un segundo.
Vanessa, por su parte, ni siquiera saludó. Simplemente se fue a sentar a un rincón, como si nada.
—¿Ustedes se conocen? —preguntó Ezequías, notando que el ambiente se había puesto raro.
Vanessa fue la primera en contestar:
—No, para nada.
Al escucharla, Ezequías dejó de darle importancia a la reacción de los demás y se fue directo a sentarse junto a Vanessa.
Entre los dos platicaban de vez en cuando, pero desde afuera, su cercanía se notaba mucho más que cualquier palabra.

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