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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 428

Paloma miraba a Aurora con una expresión de completa sorpresa.

—¿Qué? ¿Ahorita nos vamos?

—Vámonos —repitió Aurora, con un tono que no dejaba espacio para discutir.

Paloma sintió cómo la atmósfera se volvía densa, como si el aire pesara el doble. Sin más remedio, se levantó a regañadientes.

Una vez que terminaron de pagar y salieron del lugar, Paloma no pudo evitar preguntar:

—Tía, ¿por qué no insististe un poco más? Si hubieras presionado, tal vez Vane habría aceptado ir con nosotras a hacer la prueba de ADN —comentó, con un dejo de desilusión.

Frente a Paloma, Aurora volvió a mostrar esa expresión distante que la caracterizaba.

En tono seco, le soltó:

—Eres ingenua.

—Ella ya se hizo la prueba de ADN. Antes de que nosotras supiéramos nada, ella ya estaba enterada de quién es en realidad.

—Hace rato negó ser mi hija, pero tampoco quiso hacerse la prueba conmigo. Eso ya dice mucho, nos está ocultando algo. Además, cuando mencioné lo de la prueba, se notó claramente que algo la incomodó. Desde el principio, se mostró tranquila frente a nosotras, como si todo estuviera bajo su control.

Aurora concluyó con seguridad:

—Eso basta para saber que lo entiende todo, pero no quiere reconocerme.

En ese momento, una sombra de tristeza cruzó por los ojos de Aurora.

...

Al regresar, Aurora se dirigió directo a la casa de la familia Flores.

Ricardo estaba en el patio, pescando junto a la fuente. Al notar la presencia de Aurora, con toda calma le pasó la caña de pescar a una de las empleadas.

La miró, esbozando una sonrisa apenas perceptible.

—¿Qué milagro que la señora Aurora se aparece por aquí?

Aurora no le dio importancia a su saludo y fue directo al grano:

—Ricardo, me dijeron que te metiste con Vanessa.

Al escuchar a Aurora, la expresión de Ricardo cambió de inmediato. Preguntó, visiblemente sorprendido:

—¿Cómo te enteraste? ¿O qué, la conoces?

Aurora, pensando en su hija, que ni siquiera quería reconocerla, guardó silencio unos segundos. Al final le dijo a Ricardo:

—Ella es de los míos. No puedes tocarla.

Ricardo soltó una risa burlona.

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