Esta reunión era puro oro: quien aprovechara la oportunidad podría conocer recursos valiosos y conexiones clave, impulsando así el crecimiento de su empresa e, incluso, lograr un salto de nivel en la vida.
Tanto empresarios de nivel medio como los altos mandos estaban ansiosos por la cena de esa noche.
Vanessa, siempre previsora, mandó preparar su vestido con antelación.
Esa noche, llegó a la recepción acompañada de Valeria Sierra.
El objetivo de Vanessa era simple: hacerse notar, analizar el ambiente y ver si encontraba a algún socio potencial que le llamara la atención.
Llevaba un vestido negro, corto, sencillo pero elegante. Un collar exclusivo adornaba su cuello y, con el cabello recogido en un moño alto, resaltaba sus facciones delicadas y elegantes. El maquillaje ligero solo acentuaba esa mezcla de serenidad y presencia.
Apenas puso un pie en el salón, Vanessa se robó todas las miradas.
Los empresarios presentes y los herederos de familias poderosas no pudieron evitar dirigir la vista hacia ella.
—¿De qué familia será esa chica? Es la primera vez que la veo, está guapísima.
—Nunca la había visto, quizá es hija de algún pequeño empresario.
—Tiene mucha presencia, pero se nota que es joven. Que la traigan a un evento así para que empiece a hacer contactos... seguro la consienten mucho en casa.
...
Vanessa ignoró los murmullos y, junto a Valeria, se sentó un rato en la zona de descanso.
Apenas se acomodaron, una voz conocida sonó no muy lejos.
—Vane.
Vanessa escuchó su nombre y su expresión, siempre distante, se suavizó un poco. Buscó a la persona que hablaba con cierta confusión.
Era Emilio, impecable en su traje. Cuando vio a Vanessa, sus ojos brillaron con sorpresa y alegría.
—Vane, ¿qué haces aquí?
Vanessa pensó que, si le decía que venía a aprovechar la ocasión para anunciar que era la presidenta de Vitalis Synth, seguro no le creería. Así que, tras dudarlo un instante, respondió:
—Vine para conocer personas y hacer algunos contactos.
Recordó que, la noche anterior, Emilio le había llamado para invitarla a una cena y ella había rechazado. Ahora, mirándolo, preguntó:
—Oye… ¿la cena a la que me ibas a llevar ayer era esta misma?

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