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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 440

Ezequías entendió de inmediato y se disculpó mientras retrocedía un par de pasos.

—Perdón. —No tenía idea de que a Vanessa le molestaba el olor a cigarro.

Dicho esto, Ezequías se retiró otra vez hasta quedarse fuera de la puerta.

Vanessa tomó una chaqueta, se la puso sobre los hombros y, con voz tranquila, le dijo a Ezequías:

—Vamos afuera a platicar.

Ambos bajaron las escaleras y subieron al auto de Ezequías. Él, intentando romper el hielo, propuso:

—Cerca de aquí abrieron un restaurante italiano, ¿te parece si vamos?

Vanessa ni siquiera se lo pensó antes de rechazarlo.

—No, para qué. No tenemos nada que decirnos. —No iba a perder su tiempo cenando comida italiana romántica con alguien que le caía mal.

Ezequías captó el mensaje y su cara se descompuso al instante.

—¿Me odias tanto?

Ni siquiera estaba dispuesta a compartir una comida con él.

Vanessa esbozó una sonrisa burlona y no se molestó en negarlo. Luego, tomó la iniciativa y preguntó:

—Ya viste Twitter, ¿no?

Su tono tenía un dejo de desprecio.

—Ezequías, acepta la realidad. Yo tengo poder y dinero, no le tengo miedo a la familia Solís. Para mí, solo eres un entretenimiento. Si me da la gana, te trato bien, pero si no, en cualquier momento puedo dejarte en ridículo.

Si alguna vez alguien se hubiera atrevido a hablarle así a Ezequías, ya habría hecho que se tragara sus palabras. Pero justo ahora, quien estaba frente a él era Vanessa, y ella siempre lograba salirse con la suya.

—¿Entretenimiento? Vanessa, no tienes corazón. —Ezequías la miró, desconcertado. Era la primera vez que sentía tan claramente lo despiadada que podía ser.

Si Vanessa no fuera la presidenta de Vitalis Synth, quizá él podría usar la influencia de su familia para presionarla. Pero no era cualquier persona. Ella era la presidenta, y no solo de nombre: tenía el poder real en sus manos. A diferencia de él, que aunque era el único hijo de la familia Solís, en realidad quien mandaba era su papá.

Vanessa apenas levantó la mirada, su tono cargado de ironía.

—Si ya sabes que no tengo corazón, entonces lárgate. —Quería dejar claro que el orgullo de él no valía nada para ella.

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