Sofía no podía creer lo que estaba pasando. Volvió a marcar dos veces más, pero el resultado fue el mismo: nada. El teléfono seguía sin responder.
—Esto es porque me bloqueó —masculló, apretando el celular con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Su voz temblaba de rabia y frustración.
Justo en ese momento, Marcelo apareció.
Al ver la expresión de su hermana, Marcelo frunció el ceño y preguntó:
—¿Qué pasa? ¿Por qué te ves así?
—Hermano, Ezequías me borró y me bloqueó de todos lados —la voz de Sofía se quebró y los ojos se le llenaron de lágrimas.
Marcelo quedó sorprendido ante la confesión de Sofía, pero al ver lo mal que se sentía, explotó:
—Ese idiota se volvió loco, ¿qué le pasa? ¿De verdad va a hacer todo esto solo por una mujer?
Sofía sintió un escalofrío. Antes, Ezequías había tenido otras mujeres cerca, pero bastaba con que ella hiciera una que otra jugada y Ezequías las mandaba lejos. Siempre que había que elegir, él la prefería a ella.
Sofía pensó que eso nunca iba a cambiar… hasta que apareció Vanessa.
Esa tipa, esa desgraciada, había logrado que Ezequías la eliminara de su vida.
Con la voz agitada y los ojos llenos de rabia, Sofía miró a Marcelo:
—Hermano, fue Vanessa. Fue esa tipa la que manipuló a Ezequías para que hiciera esto.
Marcelo maldijo a Ezequías por dentro, pero intentó calmar a su hermana:
—Sofía, tranquila. Ezequías siempre te ha querido mucho, no va a ser capaz de dejarte así como así.
Apenas terminó de decir eso, Marcelo salió de la habitación y, sin pensarlo dos veces, le marcó a Ezequías.
La llamada fue contestada de inmediato.
Marcelo se quedó de pie en el pasillo del hospital, apretó la quijada y, en cuanto escuchó la voz del otro lado, le gritó:
—¿Qué te pasa, Ezequías? ¿Por qué bloqueaste a Sofía? ¿Tienes idea de lo mal que la estás haciendo sentir?
Al otro lado, Ezequías también perdió la paciencia. Con un tono seco, soltó:
—Si no fuera por ella, yo y Vane seguiríamos bien. No la insulté solo porque he convivido con ella por años, pero no entiendo por qué tendría que sentirse mal.
Marcelo abrió los ojos, incrédulo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rosas Renacidas con Espinas