Maurino se acercó con una aura de dominio, Violeta se vio envuelta en su imponente presencia y retrocedió sin darse cuenta, "No tengo."
"Levanta la cabeza."
Nerviosa, se agarraba el ruedo de su vestido y obedeciendo su orden, levantó lentamente la cabeza pero sus ojos claros la traicionaron, estaban llenos de miedo hacia el hombre.
Maurino observó cómo un mechón de cabello negro caía sobre la bonita nariz respingada de la muchacha y lo apartó con la mano, "Violeta, sabes que no me gusta que me mientas.
¡Dime la verdad!" Su tono era severo.
Con voz titubeante, Violeta respondió, "Pronto tendrás tu propia familia hermano, y solo me has mantenido a tu lado por la deuda de gratitud hacia mi papá pero, no compartimos sangre, por lo que debo mantener mi distancia contigo.
Hermano, has sido más que bueno conmigo todos estos años y no quiero deberte nada más, antes era inmadura y hacía cosas extremas, pero lo entendí la última vez en el hospital.
Hermano, nunca has sido una persona común, tienes tu propia vida y yo eventualmente creceré y te dejaré. En realidad, a partir de ahora no tienes que preocuparte por mí, ya puedo mantenerme sola.
Lo de hoy fue mi culpa, no debí irme sin avisarte, ni haber cenado con Lucrecia.
Hermano no la busqué, yo tampoco quería molestarte."
Antes de reencarnar, Violeta nunca le había temido a Maurino; de hecho, aprovechándose de su favoritismo, podía comportarse caprichosamente a su alrededor y lo que otros no se atrevían a hacerle, Violeta lo hacía sin dudar.
Podía pedirle a Maurino que le sirviera agua, que lavara y tendiera la ropa o cocinara.
Pero ahora eso ya no era posible, desde que Maurino regresó a la familia Paz en la capital, su rol era el del heredero del Grupo Paz.
La última vez, incluso dijo que quizás no volvería a buscarla.
Violeta siempre había sido una persona sensible.

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