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Secreto de mi esposo ciego romance Capítulo 139

Tengo la conciencia tranquila. ¡No me avergüenzo de él! Nunca lo he estado. Sólo me inquietaron las palabras de Violeta y no sabía qué creer.

—Belisario… —Al ver que Camila guardaba silencio, Dámaso habló con Belisario en el asiento del copiloto.

—Dile al Señor Hernández que envíe otro auto para traer a la Señora Lombardini a casa.

—Claro. —Belisario sacó su teléfono y marcó con rapidez un número.

—Señor Hernández, envíe un auto al campus para…

Sin embargo, Camila le arrebató el teléfono antes de que pudiera terminar de hablar.

—Señor Hernández, Belisario estaba bromeando. Ya es tarde. No hace falta que envíe otro auto.

Luego, colgó la llamada y le devolvió el teléfono a Belisario. Belisario frunció el ceño y se volvió hacia Dámaso.

—¿Debo llamar de nuevo?

—¡No es necesario! —Camila se negó antes de que Dámaso pudiera hablar—. Dámaso y yo somos marido y mujer. ¿Por qué necesitamos autos separados para ir a casa?

Sin que Camila lo supiera, los labios de Dámaso se curvaron con ligereza. Aun así, sonó solitario y se autocompadeció al decir:

—Pero te avergüenzas de mí…

—¡No lo hago!

Camila respiró hondo y se volvió hacia él. Le tomó la cara y le besó. Luego volvió a besarlo.

«Mi marido es tan guapo. ¿Por qué me engañaría? Es gentil y amable. ¡Violeta debe estar mintiendo! Además, tiene baja autoestima. Nunca debí dudar de él. ¡Maldita seas, Violeta! ¡Mi marido es el hombre más brillante del mundo!».

La voz de Camila era clara como las campanadas de una campana de plata. Sus palabras golpearon el corazón de Dámaso, haciendo que su expresión se ensombreciera.

«¿Por qué sospechó de repente que yo podía ver?».

—¡Lo siento, querido! —Camila sonrió y se inclinó hacia él—. El Señor Curiel me ha dicho que has ganado la negociación y me has asegurado el mayor negocio de Adamania esta temporada. ¿Es cierto?

Dámaso se quedó atónito por un breve momento antes de darse cuenta de lo que quería decir. Camila pensó que había asegurado ese proyecto por su bien. Al fin y al cabo, era la presidenta del Grupo Santana. Dámaso sonrió y acarició con suavidad su larga melena.

—Es verdad. Ramiro te agradecerá que gestiones tan bien la empresa.

El cuerpo de Dámaso desprendía un aroma masculino y mentolado único que reconfortó a Camila. Pronto sintió sueño en su abrazo y cerró los ojos.

—Querido, eres increíble… Cuando termine de gestionar la empresa y se la devuelva a Ramiro, quizás no le importarán las decenas de miles que le quité…

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