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Secreto de mi esposo ciego romance Capítulo 142

—¡Cariño! —Tras haber experimentado la impotencia y la desesperación más absoluta, Camila no pudo evitar llorar de alivio al ser rescatada por el hombre que más amaba. Se lanzó a su abrazo. —¡Cariño, sabía que me salvarías!

Tito escupió con asco mientras Belisario lo inmovilizaba contra el suelo.

—¿Qué demonios? ¡Ni siquiera te ha salvado! ¿Es este chico el que me arrastró? ¡Tu marido ciego no pudo ver nada de lo que te hice!

—¡Cállate! —Belisario abofeteó a Tito, haciendo que se le hinchara la mejilla.

—¡Mi marido me salvó! —Camila moqueó y miró a Tito a través de las lágrimas—. ¡Aunque mi marido no pueda ver nada, sigue siendo cien veces más fuerte que tú!

Dámaso abrazó a Camila y la tranquilizó. Tardó un rato en calmarse tras la agresión de Tito.

—Belisario, suéltalo —le indicó Dámaso sin emoción después de dejar a Camila en el sofá.

Belisario frunció el ceño.

—Pero él... ¡Quiero matarlo!

Tito tembló ante las decididas palabras de Belisario. Dámaso sonrió.

—Es mi primo. No podemos matarlo, pero puedes darle una pequeña paliza.

—Entendido —respondió Belisario y le dio un puñetazo en la cara a Tito.

Tito lamentó no haber traído un guardaespaldas con él.

—Tito, tú también has empezado a hacer negocios. ¿No sabes separar los negocios de los asuntos personales? Te arrebaté el negocio que querías. Pero en vez de resolverlo de forma profesional, te presentaste en mi casa y acosaste a mi mujer. Si las palabras salen en público, todo el mundo se reirá de ti el resto de tu vida.

El rostro de Tito palideció. La reputación era vital para hacer negocios. Aunque las rivalidades eran habituales en los negocios, se entendía que no debían atacarse la vida personal y la familia. De lo contrario, ya nadie querría hacer negocios con una persona así. Además, todo el mundo se burlaría de esa persona por ser un mal perdedor.

La Familia Lombardini siguió destacando en el mundo de los negocios durante tanto tiempo gracias a su buena reputación. Si la reputación de Tito se arruinaba, nunca podría aspirar a heredar las propiedades de Don Lombardini. Tito entrecerró los ojos y fulminó a Dámaso con la mirada.

—¡Si te atreves a contárselo a alguien, haré que te arrepientas! Tú y yo somos los únicos herederos de la Familia Lombardini. Tú eres ciego, así que el abuelo nunca te traspasará la empresa. ¡La Familia Lombardini tiene que depender de mí en el futuro!

»Deberías ser más amable conmigo. Cuando me haga cargo del Grupo Lombardini, ¡deberás depender de mí para vivir! —Tito intentó atraer a Dámaso a su lado—. ¡Cuando me haga cargo, seré más generoso que el abuelo y te daré más dinero para tus bolsillos!

Dámaso se rio. Tenía una voz profunda y encantadora. Su risa era agradable de escuchar.

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