La silla que sostenía el padre de Solano cayó y se estrelló contra… ¡Ian! Un hombre que Camila no había visto en mucho tiempo.
—¡Ian!
Camila soltó la mano de Luci y corrió hacia él. Alguien del público había ayudado a levantarse al padre de Solano. Camila apartó la silla y preguntó:
—Ian, ¿estás bien?
—Estoy bien… —Ian apretó los dientes—. Me golpearon, pero no estoy herido.
Camila le ayudó con rapidez a levantarse.
—¿Cómo te viste envuelto en esto?
—Lo vi levantar la silla para hacerte daño y corrí sin pensarlo a detenerlo. —Ian sonrió aliviado.
—Me alegro de que no estés herido.
Su voz suave y su mirada cálida hicieron que Camila se sintiera un poco incómoda. Miró hacia la enfermería y dijo:
—Te llevaré a la enfermería. —Tras decir eso, apoyó a Ian y caminó con él.
—Yo lo haré. —Luci se acercó y apartó a Camila.
Apoyó a Ian mientras caminaban. Incluso le puso los ojos en blanco a Camila.
—Caminas a paso de tortuga.
Camila apretó los labios y siguió a Luci en silencio. Pero con Luci apoyando a Ian, su situación le parecía mucho menos incómoda que antes. Desde lo que pasó aquella vez… Camila nunca inició el contacto con Ian. Le pareció que sería incómodo que interactuaran.
No sólo se debía al malentendido de Ian sobre la lista negra de Dámaso. También estaba la forma en que Ian la miraba y su tono al hablarle. Habían sobrepasado el límite de la amistad.
—¿Qué estoy haciendo? Debería preguntarte lo mismo a ti. —Luci puso los ojos en blanco—. ¿No te recomendó Dámaso que trabajaras en un instituto de investigación médica? ¿No te parece suficiente? ¿Por qué has venido al campus a buscar a Cami? ¿No tienes nada que hacer en el instituto de investigación?
La expresión de Ian cambió.
—No tiene nada que ver contigo.
—¡Cuando se trata de la felicidad de mi mejor amiga, todo tiene que ver conmigo! —Luci era una persona directa. De inmediato desenmascaró la treta de Ian—. Te hiciste daño a propósito para que Camila cuidara de ti. Es un plan bastante bueno, pero por desgracia, ¡te tropezaste conmigo!
Luego, le dio una bofetada en la herida.
—Te gusta que te hagan daño, ¿verdad? Déjame lastimarte un poco más.
—Si no me equivoco, eres la mejor amiga de Camila, no de Dámaso. —Ian entrecerró los ojos, tratando de no expresar su dolor—. Sigues defendiendo a Dámaso. ¿Qué beneficios obtienes de él?
—¡Muchos! —Luci puso los ojos en blanco y le vendó la pierna con brusquedad—. Dámaso prometió que cuando él y Camila tengan un hijo, ¡yo seré la madrina del bebé!

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