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Secreto de mi esposo ciego romance Capítulo 246

Dámaso sonrió. Miró a Ian con frialdad y una sonrisa cruel se formó en la comisura de sus labios.

—No creas que eres el único que tiene una grabación. —Abrió otro expediente.

—Te contrataron por tu conexión con el Señor Lombardini. Ahora que has hecho algo para sabotearlo, naturalmente no puedes quedarte aquí.

—Esta es la grabación cuando Ian fue a pedir su trabajo de vuelta al director del instituto de investigación. —La voz baja de Dámaso era indiferente—. ¿Lo han entendido todos?

Los periodistas bajaron la cabeza. En la grabación, Ian admitió que el instituto de investigación lo había contratado porque Camila le había pedido a Dámaso que lo conectara. Ian también admitió que tenía prejuicios contra Dámaso y que no quería que Camila diera a luz al hijo de Dámaso. Por lo tanto, ¡sabía que el niño en el vientre de Camila era de Dámaso desde el principio! Además, le había dado a Camila una píldora abortiva cuando ella no lo sabía.

—¡Esta persona es demasiado maliciosa!

Tras descubrir la verdad, los reporteros en escena cambiaron de bando de inmediato.

—Esto no ha terminado. —Dámaso abrió el último archivo—. Parece que lo de grabar en secreto viene de familia.

El último archivo era una grabación de una llamada entre Marcos e Ian. En la llamada, Marcos había aconsejado en muchas ocasiones a Ian que no provocara a Dámaso ni hiciera daño a su hijo. Aconsejó a Ian que fuera un médico con buena ética médica. En la llamada, Ian accedió a las peticiones de la otra parte. Pero en realidad, no cumplió su promesa. La imagen pública que tanto le había costado forjarse se derrumbó al instante.

Ian apretó los dientes y miró fijo a Dámaso. Sus ojos estaban llenos de un odio extremo.

—Los ricos son increíbles. Han encontrado tanto material de vigilancia e incluso han conseguido una grabación de mi tío. Espera y verás. Un día, yo... —Antes de que Ian pudiera terminar de hablar, los médicos que Dámaso trajo sujetaron a Ian.

—Señor Ian Pozo, usted es mentalmente inestable. El Señor Lombardini ha pagado sus gastos de hospitalización por el resto de su vida. Por favor, síganos.

«Enfermedad mental...».

—Has matado a un niño Lombardini. —La voz de la mujer era ronca y áspera, dando a Ian un escalofrío helado—. ¿Sabes lo que les pasará a los que asesinen a un Lombardini?

—¡Ah! —Un chillido espeluznante resonó en toda la villa.

La rueda de prensa terminó. Los periodistas que habían venido antes por Ian, quienes incluso habían escrito artículos de antemano criticando a Dámaso, Leonardo y Camila. Sólo necesitaban insertar fotos de la rueda de prensa en su columna. Al final, ¡se encontraron con un sorprendente revés! Después de que Dámaso anunciara el final de la rueda de prensa, los periodistas se dispersaron enseguida porque temían que Dámaso recordara sus caras.

Dámaso sonrió con indiferencia. Se volvió y miró con frialdad a Marianela, que estaba detrás de él con las manos en el pecho y apoyada en la pared.

—Señora Fuentes, ¿está satisfecha con el resultado de hoy?

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