Aun así, las acciones de Manuela demostraban que estaba claramente interesada en Dámaso. Aunque Camila confiaba en él, quería saberlo todo para sentirse tranquila.
Dámaso sonrió y le dio un beso en las mejillas.
—Gracias por entenderlo.
Forzó una sonrisa.
—También quiero saber qué está pasando exactamente. —Después de todo, ella podía ver claramente el impacto de la muerte de Mabel en Dámaso. «Su hermana debe ser mucho más importante que yo, su esposa de sólo dos meses. Incluso si no le permito continuar la investigación, él continuará de todos modos. En ese caso, ¿por qué no debería apoyarlo?».
No obstante, seguía sintiéndose decepcionada y disgustada. En el camino de vuelta, tenía un aspecto sombrío y hosco. En cuanto llegaron a casa, se acostó enseguida. Después de dar vueltas en la cama, no pudo conciliar el sueño, con el rostro de Manuela siempre presente en su mente.
Su sexto sentido le decía que Manuela conocía las intenciones de Dámaso de conocerla, y que le estaba contando a propósito los secretos entre él y Mabel para atraerlo a que la investigara. Después de varias vueltas en la cama, alguien llamó a la puerta: era Belisario, que aún llevaba el uniforme del colegio. Sonrió con dulzura a Camila.
—Cami, Dam dice que no estás de buen humor. ¿Regamos las plantas?
Camila lo pensó mejor y decidió dejarlo pasar.
«Olvídalo. Es inútil darle vueltas. Necesito mantener el ánimo ya que aún me estoy recuperando».
Con ese pensamiento en mente, se levantó de la cama y saltó delante de Belisario.
—¡Vamos!
—¿El Departamento de Cardiología de la Universidad de Adamania? —Puso los ojos en blanco—. No me interesa la medicina.
—Aquí es donde Camila está estudiando. —En una silla de ruedas, con la espalda apoyada en Manuela, la mujer graznó con voz ronca—: Ya lo conoces. Ya sea por su aspecto o por su familia, es la élite de Adamania. Si haces que se divorcien, es tuyo.
Manuela enroscó los dedos alrededor de la carta, apretando los labios en una fina línea.
—He escuchado que... —Palideció, sopesando sus palabras—. Que tres de sus exprometidas habían fallecido en accidentes. Camila podría haber escapado al destino fatal porque sus antecedentes no coinciden en absoluto con los de él. Pero no quiero que mi vida esté en juego, aunque él es mi tipo.
—Jajaja. —La mujer de la silla de ruedas se burló—. Teniéndome a tu alrededor, ¿de qué tienes miedo?

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