Resultó que Dámaso tenía talento para dar masajes.
Aunque fue doloroso durante el proceso, Camila se sintió relajada después.
Una vez terminado todo, empezó a insistir en que hicieran turismo.
—Le prometí al tío Santana que llevaría regalos para todos.
Recostada en el sofá, Camila agarró el brazo de Dámaso mientras trabajaba en su portátil y lo sacudió.
—Cariño, no querrás que la gente piense que tu mujer no es de fiar, ¿verdad?
Dámaso le sonrió y le acarició con suavidad el cabello.
—Oye, no creas que no he escuchado su conversación. Fuiste tú quien se ofreció a comprarles regalos.
Sin embargo, Camila siguió dándole lata.
—¡Anda, vamos! ¿Qué esperamos?
Dámaso sacudió la cabeza con una sonrisa de exasperación y tecleó:
«Reunión en pausa».
«¿Qué ocurre? ¿Hay algún problema con mi informe, jefe?», respondió nervioso el empleado caucásico en el chat de grupo. «Sólo hágamelo saber, yo...».
«Tu informe está bien, pero tengo que hacer turismo con mi mujer. Vuelve a recopilar todos los documentos y envíamelos por correo electrónico más tarde». Dámaso tecleó con elegancia.
El empleado se quedó estupefacto al escucharlo.
«¿Qué ocurre? El trabajo siempre fue su prioridad. ¿Desde cuándo se salta el trabajo para salir con su mujer?».

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