El bolígrafo que utilizaba habitualmente en su cuarto de estudio parecía viejo. Camila creía que el bolígrafo tenía algún significado especial para él, así que pensaba regalarle uno nuevo, permitiéndole conservar el viejo como recuerdo.
Cuando terminó de comprar, Dámaso y Leonardo habían resuelto su disputa. Tras enviar a Gregorio a devolver los artículos a los Tapia, Dámaso llevó a Camila a probar algunas delicias locales.
Sentado frente a Camila, Dámaso sonrió resignado al verla esforzarse por quitar las cáscaras de los caracoles.
—Toma esto.
Dámaso colocó con elegancia unos caracoles que ya había pelado delante de Camila y pasó los suyos a su plato.
Camila se rio avergonzada.
—Soy un poco torpe.
—No sólo un poco. Eres muy torpe. —Dámaso esbozó una leve sonrisa.
La chica hizo un puchero.
—Ya te lo he dicho, saqué nota máxima en todos mis exámenes.
—Aun así, eres torpe.
—Bueno… —Camila echó un vistazo a los caracoles que Dámaso había descascarillado con amabilidad y asintió con frustración—. Trabajaré en ello.
Dámaso se rio.
—Niña tonta, nunca lo necesitarás conmigo cerca. Perderé mi trabajo si algún día puedes hacerlo tú sola.
Camila tardó un rato en darse cuenta de que era un comentario coqueto. Sus mejillas se sonrojaron.
Para él, cualquier persona racional no se comprometería de ese modo sin conocer a la otra persona en absoluto. Una vida era demasiado tiempo; nadie podía garantizar sus sentimientos por alguien durante toda su vida.
—Yo… —Camila bajó la cabeza y no se atrevió a mirar a Dámaso. Su voz era apenas audible—. Porque... he visto tu foto.
Estaba sonrojada hasta la raíz del cabello.
—El abuelo me envió tus fotos. Luci incluso pidió ayuda a un informático para verificar que no estaban retocadas... —Camila levantó la cabeza y miró a Dámaso con timidez—. Maridito, me has conquistado. La primera vez que vi tus fotos me pareciste guapo. Pero después de conocerte en persona, me pareciste aún más atractivo. Así que...
La mano de Camila temblaba.
—Pensaba que eras tan guapo y resultaste ser una persona con discapacidad, así que debería protegerte. Pero ahora, ¡eres tú quien me protege a mí! —Camila sonrió con alegría—. Es maravilloso estar casada contigo.
A los diecisiete años, había soñado con casarse con un hombre guapo, encantador, rico y cariñoso. En aquella época, Luci se había burlado de ella por sus sueños irrealizables.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Secreto de mi esposo ciego