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Secreto de mi esposo ciego romance Capítulo 389

—Sí. —Eulalio se secó los ojos y levantó la cabeza. Sus ojos brillaban de lágrimas mientras miraba a Dámaso—. Don Lombardini me encontró cuando mi madre estaba enferma de gravedad. Buscaba una forma de ganar dinero en el mercado negro.

»Sin embargo... —Se rio con amargura—. Hace trece años, quedé traumatizado por lo ocurrido y juré no volver a provocar un incendio ni hacer daño a nadie. En vez de eso, planeé vender mi sangre o mis órganos. Inesperadamente, incluso después de todos estos años, Don Lombardini todavía tenía a alguien esperando para capturarme en el mercado negro.

Aunque Eulalio miraba directo a Dámaso, su mirada parecía distante.

—Más tarde, envió a gente a darme una paliza y amenazó con entregarme a la policía. Admití que merecía un castigo por mi delito, pero supliqué que me dejaran despedirme de mi familia. Mi madre se estaba muriendo y la hija que crie había alcanzado la edad de casarse. Supliqué verlos por última vez. Don Lombardini se apiadó de mí y me preguntó si haría algo a cambio del perdón. Él sabía que yo era sólo un peón. Aunque yo no hubiera provocado el incendio, el cerebro habría encontrado a otro...

»Estaba desesperado y no tuve más remedio que hacer lo que dijo Don Lombardini. Entonces, le mostré a Camila tu foto y le pregunté si quería estar contigo... —Eulalio bajó la mirada y se rio con amargura—. En ese momento, pensé que, si ella aceptaba, podría fingir que era un emparejamiento normal y seguir adelante. Si no quería casarse contigo, no la obligaría. Sabía que al final tendría que ir a la cárcel. Sin embargo, no esperaba que estuviera de acuerdo cuando vio tu foto. Incluso la puso bajo su almohada, diciendo que eras su estrella de la suerte.

»En ese momento, su tía y yo la cuestionamos, pensando que sólo trataba de tranquilizarnos. Nos preocupaba que sólo aceptara casarse contigo para salvar a mi madre. Más tarde, nos dimos cuenta de que... en realidad le gustabas... —Eulalio volvió a levantar la cabeza y se centró en Dámaso—. Pero el destino me jugó una mala pasada. Creí que todo acabaría después de que Camila se casara contigo. Quién lo iba a decir...

—Mi abuelo tenía razón. —Dámaso entrecerró los ojos y recalcó lo que había dicho Eulalio—. Sólo eras un peón. Aunque no hubieras provocado el incendio hace trece años, otro lo habría hecho. —Cerró los ojos y apretó los puños—. Honestamente, no deberías culparte por todo.

Eulalio soltó una carcajada amarga.

—Pero no se puede negar que lo que hice estuvo mal. Debería hacerme responsable de mi error. —Suspiró y continuó—: He hecho arreglos para mi familia. Mi esposa los llevará a un lugar donde nadie los conozca. Estarán a salvo sin mí.

Capítulo 389 Clarisa Nunó 1

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