—¿Ponerte nervioso y resentido te ayuda a resolver algún problema?
Manuela permaneció en silencio.
—Bueno, ¿no deberías al menos mostrar algo de preocupación por tu amigo en una situación como esta? ¡Pero mírate a ti! —Hizo un gesto hacia las cinco botellas de yogur vacías frente a Zacarías—. ¡Ya has consumido tantas bebidas y no pareces tener prisa!
—No son mis amigos. ¿Por qué debería preocuparme? —Zacarías dejó el yogur y se colocó perezosamente los dedos detrás de la cabeza—. Son tus amigos, no los míos.
Manuela le lanzó una mirada exasperada.
—¡Tú...! Si no son tus amigos, ¿entonces qué son?
—Herramientas. —Zacarías sonrió un poco y levantó la mano para hacer una señal al camarero—. Tráeme cinco botellas más de yogur. Sí, cárgalo a la cuenta de esta Señora
Manuela se exasperó una vez más y se quedó estupefacta. Una vez que llegaron las siguientes cinco botellas de yogur, el hombre bostezó despreocupado y se volvió hacia Manuela.
—Está bien, deja esa expresión demasiado preocupada. Dámaso no es un idiota. Un hombre adulto como él, si no puede manejar a un conejito simple e inocente... Entonces, no sería digno de ser el heredero de la Familia Méndez. —Con eso en mente, se estiró perezoso y dirigió su atención de nuevo a Manuela—. Dentro de unos días te vas a casa de la Familia Tapia en Eutropa, ¿verdad?
Manuela le lanzó una mirada irritada, pero permaneció en silencio.
—¿Puedo unirme a ustedes en un jet privado? Yo también quiero ir.
…
Camila tuvo una pesadilla. En su sueño, su tío, Eulalio, no dejaba de disculparse. Entonces, el rostro inquietante de Mabel la reprendió y se burló, diciendo:
—¡No eres digna de mi hermano! ¡Nunca lo serás!
—Oye, Cami...
En su estado de aturdimiento, Camila examinó rápido su mano y la encontró ilesa. El Dámaso que tenía delante también estaba perfectamente bien.
«¡Todo ha sido un sueño!».
Con alivio, abrazó a Dámaso con fuerza.
—Esposo, vi... Tú...
Él sonrió y la besó en los labios.
—Tu sueño no era real. Has estado durmiendo toda la tarde y toda la noche. ¿Tienes hambre?
Camila levantó la cabeza, solo dándose cuenta de que todavía estaba en la lujosa villa que Dámaso había adquirido recientemente. Pero ya era el día siguiente.

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