Entrar Via

Secreto de mi esposo ciego romance Capítulo 500

—Yo... Quiero decir, mamá está enferma, está muy, muy enferma... No sé qué hacer. Los médicos... Dicen que no hay nada que puedan hacer... Dicen que no le queda mucho tiempo... ¿Qué debo hacer, papá? —Las lágrimas corrían por el rostro de Camila—. Sé que tú y mamá están divorciados. Sé que es posible que no quieras lidiar con la situación de mamá, pero...

—¿Dónde estás? —Desde el otro extremo, la voz de Basilio tembló en una inusual vacilación—. Envíame tu ubicación. Voy en camino.

Camila se encontró incapaz de articular dónde estaba, ahogándose en sus palabras. Al escuchar toda la conversación, Zacarías agarró el teléfono. Sosteniendo el dispositivo, Zacarías dejó escapar un profundo suspiro.

—Señor Basilio, soy Zacarías. Estamos en el Hospital General del Este. —Una vez que terminó la llamada, suspiró de nuevo, levantando a Camila del suelo y ayudándola a sentarse en un banco—. Se lo estás poniendo difícil a la tía Clarisa. —Agachándose para mirarla a los ojos, continuó—: La tía Clarisa no solo no quería que supieras de su enfermedad, sino que tampoco quería que el Señor Basilio lo supiera. Puede que no lo sepas, pero la tía Clarisa se casó originalmente con mi tío... por el bien del Señor Basilio.

Camila se quedó mirando, con evidente sorpresa en sus ojos, cuando se encontró con la mirada de Zacarías.

—No te sorprendas, es verdad. —Tomando su mano, continuó—: Hay tantas cosas que te hemos ocultado porque es demasiado doloroso de soportar. La tía Clarisa no dejó al Señor Basilio porque su amor se desvaneció. Se sentía indigna de él, así que lo dejó de forma voluntaria, se casó con mi tío e incluso asumió el cargo de cabeza de la Familia Méndez, todo ello mientras allanaba el camino para el Señor Basilio. Todos estos años, la prosperidad de la Familia Tapia le debe mucho a ella. Sabía que el Señor Basilio nunca se olvidó de ella. Entonces, ella no quería que él se enterara de su condición. ¿Entiendes?

Basilio llegó al hospital solo diez minutos después de la llamada telefónica entre lágrimas de Camila. Al ver su expresión frenética, casi podía imaginar la desesperación que lo había llevado a llegar allí tan rápido. Había tardado más de una hora en taxi en llegar al hospital. Sin embargo, lo había logrado en solo diez minutos.

«Zacarías tenía razón».

Su madre, habiéndole ocultado su condición, no habría querido que él se enterara. Ella siempre había hecho sacrificios por él, incluso su partida después de su divorcio, todo por su bienestar. De seguro no querría que él fuera testigo de su vulnerabilidad y lo cargara con esa culpa. Sin embargo, ya era demasiado tarde para arrepentirse. Respirando hondo, Camila extendió la mano y tomó la mano de Basilio.

—Papá.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Secreto de mi esposo ciego