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Secreto de mi esposo ciego romance Capítulo 754

—Por supuesto —rió Dámaso con picardía al otro lado de la línea—. Tenemos tiempo de sobra. Estoy seguro de que volveré a escucharte decir esas palabras.

Camila frunció los labios, ya no tenía ganas de seguir conversando con él y colgó enseguida.

—Camila, ¿hablabas con el señor Lombardini, tu prometido?

Heather Dupont, la compañera que antes había hablado largo y tendido sobre Dámaso, se acercó a Camila con confianza. —Soy Heather Dupont, pero puedes llamarme Heather. Pareces llevarte muy bien con el señor Lombardini.

Camila respondió con una risa incómoda: —No es para tanto...

—¡Es mucho más que eso! —Heather negó con la cabeza y le mostró a Camila el bolso que llevaba—. Estuve investigando. ¡Este bolso cuesta unos siete mil, incluso comprándolo directamente en la boutique de la marca en el extranjero! Y aun así, el señor Lombardini nos regaló uno a cada una. Es increíblemente generoso.

Camila siguió sonriendo con incomodidad. —No es nada.

Pero por dentro, no pudo evitar reprocharle a Dámaso su derroche.

¡Un bolso de siete mil! ¡Ni el mío cuesta tanto! ¡Es demasiado generoso!

Sin embargo, al pensar en todo el dinero que se había gastado por su culpa, se dio cuenta de que ella era la causa de tanta extravagancia.

Al ver que Camila era accesible, Heather la acompañó hasta su oficina y charló de mil cosas. Incluso le preguntó por Dámaso y Leonardo.

—Camila, esto es lo que pienso —dijo Heather con seriedad—. Aparte del señor Lombardini, Leonardo es el hombre más interesante de Adamania. Además, sigue soltero. Como tú estás con Dámaso, yo iré tras Leonardo. Y como Leonardo y Dámaso son tan buenos amigos, nosotras también deberíamos ser mejores amigas.

El tono severo de Dámaso heló el ambiente en el coche. Incluso la extrovertida Heather no pudo ignorar su actitud poco acogedora. Asustada, salió apresurada del coche y se unió a sus otros compañeros en el autobús.

La puerta se cerró de golpe.

Dámaso dejó de lado su actitud fría. Sus ojos se iluminaron con diversión al observar a la mujer indefensa por el retrovisor. —Sigues siendo la misma de siempre, nunca aprendiste a decir que no.

Camila frunció los labios. —Ella fue amable y estuvo charlando conmigo toda la tarde. No podía echarla.

No es que le desagradara Heather, simplemente le resultaba demasiado ruidosa. Además, Camila se sentía incómoda escuchando su charla constante sobre su interés en conquistar a Leonardo.

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