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Secreto de mi esposo ciego romance Capítulo 82

Suspiró y dijo:

—No digas nada cuando vuelvas a casa. Debería terminar de comer y descansar pronto. Necesita tiempo a solas.

Camila estaba aún más confundida.

—¿Por qué?

—Por nada.

Camila se dio cuenta de que Jacobo no quería explicarle el motivo. Sin embargo, Camila no se rendía hasta conseguir la respuesta. Una vez interrogó a un profesor sobre un problema de matemáticas hasta que éste se echó a llorar. Por eso abordó su curiosidad con la misma actitud decidida que con los estudios. Se sentó en el asiento del copiloto y le hizo a Jacobo muchas preguntas del tipo

—¿por qué?

»¿Por qué no quiere cenar?

»¿Por qué no se me permite hablar?

»¿Por qué hoy es especial?

»¿Por qué no quiere comer conmigo en este día tan especial? Ni que tuviera la regla.

Jacobo estaba perplejo.

«¿Por qué tiene tantas preguntas?».

Al final, sólo pudo suspirar impotente.

—Hoy es el cumpleaños de Dámaso…

Camila se quedó por un breve momento atónita.

—¿Es su cumpleaños?

Pensó que Jacobo se había equivocado. Había memorizado la fecha de nacimiento de Dámaso cuando registraron su matrimonio. Luego, consultó el almanaque en casa. Estaba segura de que faltaba más de un mes para su cumpleaños.

—Es su cumpleaños según el calendario gregoriano.

Camila por fin lo entendió. Cuando estaba en el pueblo, sus tíos celebraban su cumpleaños según el calendario lunar. Así que supuso que a Dámaso le ocurría lo mismo.

—El incendio fue grave esa noche. Mabel murió en el acto. Antes de morir, empujó a Dámaso desde el tercer piso. Se rompió las piernas y perdió la vista.

Recordó a Dámaso cubierto de hollín negro cuando lo llevaron al hospital. Se le encogió el corazón al recordarlo. No pudo evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas. En aquel momento, Jacobo tenía entre quince y dieciséis años. Ayudaba a su padre en el hospital. Cuando vio a Dámaso, casi pensó que Dámaso había muerto.

Muchos dudaban de que Dámaso sobreviviera. Sin embargo, Dámaso siguió luchando. Recuperó la consciencia y decidió con calma su futuro mientras seguía postrado en la cama.

«Su cumpleaños es también el aniversario de la muerte de su hermana. Dámaso debe estar triste».

Camila cerró los ojos y frunció el ceño. Se quedó pensativa durante un buen rato. Entonces, de repente, abrió los ojos y miró a Jacobo con determinación.

—Llévame a una pastelería. Le ayudaré a celebrar su cumpleaños.

Jacobo negó con la cabeza.

—No celebrará su cumpleaños.

—Pero su hermana querría que fuera feliz en su cumpleaños.

Las manos de Jacobo se congelaron en el volante. Miró por el retrovisor y vio los ojos inocentes de Camila.

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