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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 2

Alexander ladeó una sonrisa. Le fascinaba cuando ella respondía con la misma ironía. Muy pocas personas se atrevían a hacerlo.

—Abuelito... —Valentina desvió la mirada de Alexander. En cuanto vio a su abuelo, su sonrisa y su mirada cambiaron por completo. Se acercó a él y le dio un caluroso abrazo, seguido de un beso en la mejilla.

—Mi nieta amada, ¿cómo has estado? —preguntó Valente con cariño. Para él, Valentina siempre había sido su adoración.

—Normal —respondió ella, encogiéndose de hombros. No iba a decir que estaba feliz porque sería una mentira, y a su abuelo jamás le mentía.

Alexander la observó en silencio. Esa era una faceta de Valentina que él nunca veía. Durante los dos años de matrimonio, ella siempre había sido fría y distante con él; sin embargo, junto a su abuelo se mostraba tierna, cariñosa y completamente relajada.

— La cena está lista —anunció el mayordomo, haciendo una ligera inclinación antes de mirar a Alexander.

Él asintió sin apartar la vista de Valentina. Como señora Hart, le correspondía invitar a todos a pasar al comedor. Sin embargo, en ese momento parecía sentirse tan protegida junto a su abuelo que ni siquiera le devolvió la mirada.

Alexander carraspeó levemente. No necesitó decir una sola palabra para que Valentina entendiera lo que esperaba de ella. Apretó los labios con molestia. Odiaba que un simple carraspeo suyo bastara para recordarle cuáles eran sus obligaciones como señora Hart.

—Por favor, acompáñenos al comedor.

Los Luna y los Hart comenzaron a dirigirse al comedor. Valentina esperó a que su abuelo avanzara unos pasos antes de seguirlo. Al pasar junto a Alexander, él giró apenas el rostro hacia ella.

—Pensé que habías olvidado tus obligaciones como señora Hart. — Dijo, caminando a su lado.

Valentina siguió caminando sin detenerse. Mantuvo la sonrisa en el rostro para que nadie sospechara la guerra que libraban en silencio.

—Lamento decepcionarte. — Respondió con ironía.

Alexander ladeó una sonrisa. Sabía que ella jamás dejaría pasar la oportunidad de responderle.

—Eso nunca pasa, esposa. — Hablo con la misma ironía que ella.

Valentina rodó los ojos con discreción. Si algo había aprendido durante esos dos años de matrimonio era que Alexander siempre encontraba la manera de recordarle que él llevaba el control, incluso cuando no levantaba la voz.

El mayordomo comenzó a servir la cena. Durante unos minutos, la conversación giró en torno a la empresa Hart y a los nuevos proyectos que Diego Luna esperaba concretar con Alexander.

—Valentina nunca tuvo cabeza para los negocios —comentó Diego con una risa despreocupada—. Desde pequeña prefería perder el tiempo con tonterías.

Valentina bajó la mirada hacia su plato. No era la primera vez que su padre hacía un comentario como ese delante de otras personas.

—No estoy de acuerdo, suegro. — Dijo Alexander con frialdad, dejando los cubiertos sobre la mesa

—¿No? — Repitió, arqueando una ceja, sorprendido.

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