—Ja,ja,ja… —Lina se rio con cierta amargura—. ¡Todos ustedes quieren mucho a ese mocoso!
—Nicolás es lo único que puede detener a Santiago —enfatizó Emilio.
Lina guardó silencio. Después de un buen rato, le preguntó:
—Emilio, ¿puedo confiar en ti?
—Confía en mí esta vez —Emilio habló con seriedad—. Tranquila, si convences a Valeria de aceptar las condiciones de Santiago, yo también lo vigilaré.
Lina apretó con fuerza los labios, esperó unos segundos y preguntó de nuevo:
—¿Sabes por qué Santiago insiste en ir a Ghana?
Emilio podía adivinar el propósito de Santiago. Pero sabía muy bien que antes de ir, no podía decirlo.
¡Si lo decía, Valeria en definitiva no iría!
—No lo sé. —Sobre este asunto, Emilio solo pudo mentir—. ¿Le pregunto después?
—¿Si le preguntas te va a decir?
—No lo sé, quizás... no.
Lina suspiró resignada.
—Pobre Valeria, encontrarse con alguien tan desgraciado, pero poderoso. Verla así… ¡hasta a mí me da miedo del matrimonio!
Al escuchar eso, Emilio se rio con dulzura.
—No te preocupes, hay muchos hombres buenos en el mundo.
—Olvídalo, es más cómodo estar soltera. —Lina encendió el auto—. Lo siento, no voy a seguir hablando, tengo que regresar a pensar cómo convencer a Valeria, ¡voy a colgar!
—Está bien.
***
Emilio le marcó a Santiago.
El celular sonó varias veces antes de que contestara.
Del otro lado, la voz de Santiago sonaba algo pesada y ronca.
—¿Lina te llamó?
—¡Carajo! —Emilio se sorprendió—. ¿Instalaste cámaras en mi casa o qué?

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