Mientras lo decía, a Claire se le volvieron a llenar los ojos de lágrimas. Antes de darse vuelta para irse, lo miró una última vez.
—Cuídate.
Entonces tomó la mano de Scarlett y se alejó sin mirar atrás. Caminó rápido todo el trayecto hacia la salida, y recién cuando estuvieron paradas afuera del centro de detención aflojó el paso. Se detuvo, y las lágrimas le brotaron con más fuerza que antes.
Scarlett la vio llorar, dio un paso al frente y la envolvió en un abrazo.
Claire se apoyó contra ella.
—Scarlett, cuando lo conocí, él no era así.
Scarlett le frotó la espalda.
—Eso era antes. Tú misma lo dijiste.
Claire lloró durante un largo rato y Scarlett la sostuvo en todo momento. Pero esta vez era distinto: antes, Claire siempre había quedado atrapada en un tira y afloja, diciendo una cosa y haciendo otra. Ahora, en cambio, había terminado con Elias de verdad.
Cuando por fin se recompuso, se enderezó.
—Volvamos.
Scarlett asintió.
—Sí. Te llevo a tu casa.
Paró un taxi y subieron. Claire seguía sorbiendo por la nariz, pero ya había dejado de llorar.
Unos minutos después le sonó el teléfono. Era Felix. En el silencio del taxi, Scarlett podía oírlo del otro lado.
—Señorita Wright, las pruebas son sólidas. Ya se determinó la condena de Elias. El fallo preliminar es de tres años y ocho meses.
Claire se quedó callada un instante.
—Bien. Entiendo. Gracias, señor Wilson.
La voz de Felix sonó mesurada.
—Debería agradecerle a Zachary, no a mí. Es amigo mío. Si ayudé fue por él.
Claire vaciló.
—Sí. No me voy a olvidar.
Cortó justo cuando el taxi se detenía contra el cordón.
Bajaron. Una sombra alargada que se estiraba bajo la luz del farol les llamó la atención, y ambas levantaron la vista. Zachary estaba parado a poca distancia.
El frío de comienzos de diciembre calaba los huesos. Zachary llevaba un buen rato en la esquina: el viento le había desordenado el cabello.
Claire lo vio y se quedó paralizada.
Desde que todo había ocurrido, Zachary había estado presente casi todo el tiempo, siempre que no estaba trabajando. Claire no era ciega; sabía lo que él sentía. Pero ¿cómo iba a permitir que alguien como Zachary estuviera con alguien como ella, alguien que se sentía arruinada?
Cuando él las vio bajar del taxi, se acercó y saludó a Scarlett con un gesto cortés.
—Scarlett.

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