De esa manera, la familia entera estaría junta.
Scarlett se puso de pie y le tomó la mano. Caminaron juntas hacia la casa.
—Clara, ¿dónde está tu mamá?
—Mami se fue a una sesión de fotos.
La casa se sentía vacía.
—¿Y la abuela y el abuelo?
—Se fueron al parque.
—¿Y papá?
—Papá se fue esta mañana a la oficina.
A Scarlett se le hundió el corazón. Era Navidad y no había nadie en casa.
Miró a Clara.
—¿Te sentiste sola aquí?
Clara levantó la carita hacia ella.
—No. La tía ya volvió. No estoy sola.
Scarlett le revolvió el pelo.
—Entonces la tía te va a llevar a dar una vuelta, ¿te parece?
Clara empezó a asentir, pero se frenó.
—Tía. Quiero ir a ver la sesión de mami.
Scarlett sonrió.
—Bueno. Te llevo.
Clara pegó un salto y aplaudió.
—¡Gracias, tía! ¡Eres la mejor! ¡Te quiero más que a nadie!
Scarlett le pellizcó la mejilla con suavidad.
—Muy bien. Ve a buscar tu bufanda y tu gorro. Te llevo.
Clara salió disparada escaleras arriba y, cuando volvió a bajar, estaba envuelta como un malvavisco chiquito, con las botitas golpeando contra los escalones.
Scarlett agarró el auto de la familia y manejó hasta el estudio donde Violet solía trabajar.
Violet era modelo: publicidades, gráfica, pasarela, hacía un poco de todo. Scarlett no sabía cuál era el trabajo de ese día.
Estacionó y llevó a Clara de la mano hacia el estudio. Ya había estado ahí antes. Conocía el camino.

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