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Sin Segundo Hijo, Sin Ti, Solo Divorcio romance Capítulo 541

Cuando su mamá volviera a casa, le iba a cantar las cuarenta.

Así que Vanessa se sentó en el sofá fingiendo que nada le importaba: pasó un rato cambiando los canales de la televisión y después jugó otro rato con sus juguetes. Cuando se aburrió de eso, salió al patio trasero a dar vueltas con Lily. Así fue como pasó la tarde, esperando en la planta baja desde poco después de las seis hasta casi las nueve de la noche.

Llevaba casi tres horas esperando, pero Scarlett seguía sin aparecer. Por más que no quisiera admitirlo, la verdad la tenía delante de las narices: Scarlett no iba a volver.

Lily calentó un poco de leche en la cocina y, cuando salió con la taza en la mano, le dijo en voz baja a Vanessa:

—Cariño, ¿por qué no te tomas la leche y subes a dormir? Ya es muy tarde.

Al oírla, Vanessa miró hacia la puerta principal, pero seguía sin haber señales de Scarlett. En ese instante, algo se le encogió en el pecho. Era la primera vez en mucho tiempo que sentía de verdad, muy en el fondo, que a Scarlett ya no le importaba.

Antes, cada vez que lloraba, cada vez que hacía un berrinche, Scarlett lo dejaba todo y volvía corriendo a su lado. Pero eso se había acabado. Vanessa había llorado, había pataleado, incluso le había dicho que la extrañaba, y aun así no volvía a casa.

Le dolía. Cuando Lily le acercó la leche tibia, la apartó de un manotazo sin pensarlo.

—Vete, no quiero leche.

La taza cayó al suelo y la leche salpicó por todas partes. El vidrio se rompió en pedazos sobre las baldosas. Lily se quedó paralizada. Nunca había visto a Vanessa así, con esa expresión tensa y furiosa, como si quisiera morder a alguien.

Vanessa no se quedó en la sala. Le lanzó una mirada a la leche que se extendía por el suelo, pero en sus ojos no había ni rastro de culpa.

Mientras subía las escaleras, Vincent salió de su despacho. El ruido de abajo había sido lo bastante fuerte como para llegar hasta él. Al asomarse, vio a Vanessa subiendo los peldaños. Bajó la vista y notó la leche derramada en el suelo.

Vanessa sintió la frialdad que emanaba de Vincent. Le ardió la nariz y, antes de darse cuenta, las lágrimas ya le rodaban por las mejillas.

—Papi. —La voz se le quebró mientras caminaba hacia él, llorando. Estiró los brazos y se aferró a su pierna entre sollozos—. Mami ya no me quiere.

Ver a Vanessa llorar así le rompió algo por dentro a Vincent. Lo que fuera que había estado a punto de preguntar sobre el desastre de abajo se esfumó. Le dolía el pecho. No soportaba verla de ese modo, así que se agachó frente a ella y le preguntó con dulzura:

—¿De verdad quieres ver a mami?

Vanessa asintió.

—Sí. De verdad quiero.

—Si tanto lo deseas, ¿qué te parece si vamos a buscarla? —dijo Vincent.

Vanessa negó con la cabeza al instante.

—No. Mami no vino a buscarme, así que yo no quiero ir a buscarla a ella.

Vincent le pasó la mano por la cabeza.

—Entonces hazle caso a mami. Pórtate bien en la escuela. Cuando termine lo que tiene que hacer, vendrá a verte.

Vanessa hizo un puchero y arrugó la carita.

—Portarme bien en la escuela ni siquiera es por ella.

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