Aun con un enterizo sencillo y recatado, en cuanto Nolan la vio con él, se le puso la cara roja.
La encargada los guio hasta una piscina privada; Nolan la había pedido a propósito, la quería limpia y tranquila. A la hora de meterse, Scarlett dudó, un poco insegura. Nolan la tomó de la mano y la ayudó a bajar. En el momento en que se deslizó en el agua, la tela del traje de baño flotó a su alrededor, y Nolan alcanzó a ver sus piernas: largas, torneadas. Apartó la vista. Rápido.
Una vez que ambos estuvieron dentro, Nolan se esmeró en mantener la distancia. Se sentó a un buen par de metros, apenas capaz de mirarla. Recién se había recostado cuando Scarlett distinguió dos caras conocidas al otro lado de la piscina. Y ellos también la habían visto.
—¡Señora Theron! —Eric soltó la mano de Felix en cuanto la vio y trotó hasta el borde de la piscina.
El rostro de Scarlett se suavizó al verlo. Sonrió.
—Eric, ¿tú también viniste a divertirte?
Eric se dejó caer junto a la orilla y asintió.
—Sí, pero la pista de esquí estaba demasiado llena. Papá dijo que algún tonto regaló un montón de entradas, así que ni siquiera pudimos entrar. Por eso vinimos aquí.
Scarlett se rio.
—Las aguas termales también son divertidas.
A Eric se le iluminaron los ojos.
—¿Sí? ¿Puedo meterme con ustedes?
Scarlett no respondió enseguida. Levantó la vista hacia Felix. Al fin y al cabo, él era quien mandaba. No podía decir que sí sin consultarlo. Felix estaba de pie con un traje gris oscuro y el abrigo de plumas colgado de un brazo. Captó su mirada y se la sostuvo un segundo. Luego sonrió, cálido, relajado.
—Qué pequeño es el mundo.
Scarlett asintió.
—Sí. ¿Trajiste a Eric a jugar?
Felix hizo una pausa, apenas un instante.
—Ajá.
No podía decir precisamente que le habían pasado el dato, ¿verdad?
Eric se volvió entonces hacia Felix, con cara de pena.
—Papá, ¿me puedo meter?
Felix asintió.
—Adelante.
Scarlett miró a Nolan. Después de todo, él había pagado la piscina. Quería asegurarse de que estuviera de acuerdo. La verdad era que a Nolan no le hacía mucha gracia. Pero no quería ponérselo difícil a ella, así que asintió apenas.
Con todos de acuerdo, Eric se quitó las prendas de encima y se metió al agua. Scarlett mantuvo una mano sobre él, cuidando que no se hundiera. Felix se quedó un momento en la orilla y luego fue a cambiarse. Cuando regresó, no vaciló.
—Señor Huntley, espero que no le moleste que me una.

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