Después de que Violet terminó de explicarse, Scarlett alzó la vista hacia ella, confundida.
—Espera… ¿Damian fue a la casa?
Violet asintió.
—Sí. Aunque no hizo gran cosa. Por lo que pude ver, solo se quedó en tu cuarto a pasar la noche. Y esta mañana, de la nada, me llamó y me dijo que estabas en el hospital. Por eso vine.
Entonces todo encajó para Scarlett. Damian debía de haberse preocupado de que ella quedara sola, sin nadie que la cuidara. Por eso había recurrido a Violet. No sabía exactamente cuál era su intención. Pero una parte de ella se preguntaba si él simplemente no quería que se quedara tirada en alguna cama de hospital sin nadie a su lado. Tras una breve pausa, Scarlett preguntó:
—¿Mi hermano sabe que Damian pasó por la casa?
Violet asintió apenas.
—Lo sabe.
Scarlett vaciló y luego insistió:
—¿Cómo se lo tomó?
Violet dejó escapar un suspiro de resignación.
—¿Cómo crees? Quería venirse hasta aquí a cantarte las cuarenta. Tuve que convencerlo de no hacerlo.
Le estudió la cara un momento antes de agregar, más suave ahora:
—Ya conoces a tu hermano, Scarlett. Le importas. Tiene su carácter, sí, conmigo tampoco se anda con rodeos precisamente, pero así es él.
Scarlett logró esbozar una sonrisa tenue.
—Lo sé. Lo entiendo.
Violet dio la vuelta al otro lado de la cama y se sentó detrás de Clara. Estiró la mano y con delicadeza le colocó a Scarlett un mechón de pelo húmedo detrás de la oreja.
—Dijo que quería gritarte, pero ¿en el fondo? Solo quería verte. Asegurarse de que estuvieras bien.
Los ojos de Scarlett se llenaron de lágrimas. Giró rápido la cabeza hacia un lado, apretando con fuerza los dientes para contener el llanto. No podía hablar. No se fiaba de su propia voz. Violet lo notó y, siempre con tacto, cambió de tema.
—¿Y cómo pasó esto, exactamente? ¿Cómo te lastimaste?
Scarlett se secó los ojos, tomó aire y volvió a mirar a Violet. Su expresión se puso seria.
—Vanessa. Me empujó.
Violet parpadeó, tomada por sorpresa de verdad. Por un momento, no dijo nada. Luego, despacio, negó con la cabeza.
—No lo habría creído si me lo hubiera dicho cualquier otra persona. Vanessa… nunca pensé que fuera capaz de algo así. Pero, Scarlett, te creo.
Scarlett soltó una risa amarga.
—Eres la única.
A su lado, la vocecita de Clara se dejó oír, firme y segura.
—Yo también te creo, tía.
Violet sonrió y agregó:
—Y el señor Langley. Él también te cree.
La cabeza de Scarlett se volvió de golpe hacia ella, sorprendida.
—¿Él sabe de esto?
Violet asintió.

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