Melinda se quedó helada un instante y luego forzó una sonrisa.
—Con lo ocupado que estás con el trabajo, Nolan, y aun así sacaste tiempo para venir hasta acá. Scarlett debe significar mucho para ti, ¿eh?
Nolan no titubeó.
—Sí. Significa más para mí que cualquier otra cosa.
Melinda había lanzado la pregunta con prudencia, apenas tanteando el terreno. Nunca imaginó que él le contestaría con semejante honestidad, que le confesaría sin más que Scarlett era lo más importante para él en todo el mundo. Aquella respuesta le dejó un regusto amargo.
Le vinieron a la memoria sus años universitarios, cuando admiraba a Nolan y calló su amor por él durante mucho tiempo. Lo había dejado atrás hacía ya tiempo, por supuesto. Aun así, hay cosas que parecen resistirse a marcharse del todo y se aferran a algún pliegue del corazón. Que Nolan sintiera algo por Scarlett era una cosa. Pero ¿Damian también? Al fin y al cabo, había sido ella quien lo había rescatado en aquel momento.
Melinda permaneció inmóvil, desconcertada, con la mente en blanco, incapaz de reaccionar. Al percibir su silencio, Nolan no la presionó. Se limitó a dulcificar el tono y añadir:
—En fin, señorita Olsen, voy a ver cómo sigue Scarlett. Cuídese.
Y dicho esto, se giró y caminó hacia la habitación antes de que ella pudiera siquiera responder. Cuando Melinda reaccionó e intentó decir algo, él ya estaba demasiado lejos.
Mientras lo veía alejarse, dejó escapar una risa amarga y apagada. No lo entendía. «¿Qué me falta a mí comparada con Scarlett? ¿Por qué todos los hombres parecen sentirse atraídos por ella? Scarlett estuvo casada. Tiene una hija. Hasta se hizo un aborto. Entonces, ¿por qué todos van detrás de ella?».
Más tarde esa noche, Vanessa se quedó despierta un poco más allá de su hora habitual de dormir. Lily le había dado un baño y ahora le secaba el cabello. Vanessa echó un vistazo por la ventana, pero la entrada estaba vacía. El auto de su papá aún no había vuelto. Tras pensarlo un momento, preguntó con curiosidad:
—Lily, ¿dónde está papá? ¿Sigue trabajando hasta tarde?
Lily seguía pasando la toalla por el cabello de Vanessa mientras respondía:
—Cielo, tu papá fue a Ciudad de Nebula.
Vanessa se dio la vuelta de golpe, sorprendida.
—¿Se fue a Ciudad de Nebula?
Lily asintió.
—Así es.
El rostro de Vanessa se ensombreció.
—Hmm. Se fue y ni siquiera me llevó. Qué injusto.
Lily hizo una pausa y luego explicó:
—Salió con prisa. Debió de ser algo urgente.
Vanessa no hizo una rabieta. Solo apartó la mano de Lily y dijo:
—Lily, ya no hace falta que me seques el cabello. Puedes bajar. Quiero llamar a papá.
Tenía el cabello a medio secar, y Lily vaciló.
—Cielo, déjame terminar de secártelo antes de que te duermas.
—Lily, ¿puedes dejar de ser tan pesada? Eres igual que esa mala mamá, tan molesta.
La voz de Vanessa fue cortante, y estaba claro que se le había agotado la paciencia. Lily se quedó helada, sin saber qué decir. Al final, simplemente salió de la habitación.
Vanessa tomó su tableta e hizo una videollamada a Vincent. Cuando él atendió, su voz sonó grave.

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