Clara, con el cabello alborotado, miró a Bianca.
—Bianca, tengo hambre.
Bianca había estado tan concentrada que perdió la noción del tiempo y se apresuró a pedirle disculpas a Clara.
Vicente les dijo que fueran a comer a su oficina.
Al abrir los recipientes, Clara notó algo extraño.
Su comida era puro carbohidrato: fideos salteados, carne de res, arroz y verduras. Sentía que si se comía todo eso, caería en un coma alimenticio.
Pero la comida de Bianca...
—Carne magra, chuletas de cordero, arroz integral, espinacas salteadas, espárragos y tomates cherry de postre.
Tras enumerarlo, Clara levantó la vista hacia Vicente.
—Jefe Vicente, creo que su favoritismo se nota un poquito.
Bianca se echó a reír e intentó compartir su comida con Clara.
—¡Hace mucho que no como fideos salteados, cambiemos!
—No —la interrumpió Vicente con firmeza, dándole una mirada significativa a Clara.
Clara pareció entender de inmediato y agitó las manos nerviosamente.
—¡No, no hace falta! ¡Bianca, come tú! Esta comida te dará energía sin hacerte perder la figura.
Al ver que Clara insistía, Bianca no dijo nada más.
Aunque la verdad es que moría por un poco de pasta.
La comida que Vicente le había pedido parecía dieta estricta, sin mucho sabor... pero no podía negar que, en el último tiempo, se sentía más esbelta.
Mientras comía las espinacas y los espárragos, Bianca recordó de pronto que cuando recién quedó embarazada, también comía mucho de eso.
Porque tenían un alto contenido de ácido fólico.
Vicente la observó comer y, fingiendo indiferencia, comentó:
—El mes que viene te enviaré al extranjero para tu especialización. Habla de una vez con Damián.
Bianca se sorprendió.
—¿Tan pronto? ¿No íbamos a esperar dos meses?
Esto le dio a Bianca la sensación de que... ¿Vicente le estaba ocultando algo?
Vicente sostuvo la mirada de Bianca y, tras una pausa, respondió:


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