Sin añadir nada más, Bianca intentó abrir la puerta del auto.
Vicente no sabía qué pretendía hacer, solo notó que su rostro estaba extrañamente tranquilo. Se dirigía de regreso al hospital sin mirar atrás.
—¿Qué vas a hacer? —la detuvo Vicente.
Bianca lo miró sin rastro de emoción en sus ojos. Por un instante, él creíó estar viendo al propio Damián.
Una calma tan absoluta que rozaba la indiferencia, desprovista de cualquier calidez humana.
—Voy a abortar —escupió Bianca, inexpresiva.
Vicente le apretó la muñeca, sin poder creer que Bianca pudiera ser tan fría y resolutiva.
—Bianca, tu estado de salud actual es delicado. Si pierdes a este bebé, es probable que no vuelvas a concebir nunca más. Cuando perdiste al otro, la mala praxis de los médicos te dañó el útero. Si te sometes a un aborto ahora, el daño será masivo. Es muy posible que no salgas viva del quirófano.
Vicente no le mentía, e incluso le mostró el informe médico.
—Esta niña, para sobrevivir, también ha estado ayudando a reparar tu cuerpo; no es solo un parásito en tu vientre. Ya lo tenemos todo planeado para ti. Lo único que debes hacer ahora es ocultárselo a Damián, que no sepa que el bebé sigue vivo. Viajas al extranjero, das a luz y luego regresas.
Bianca miró el informe de la ecografía. Un pequeño feto, ya con bracitos y piernecitas...
En un instante, los ojos de Bianca se llenaron de lágrimas.
Entonces Vicente le reveló:
—Durante el accidente, el niño que esperabas recibió todo el impacto por delante. La que sigue en tu vientre es una niña.
Bianca lloró durante mucho tiempo. Más tarde, Vicente le explicó que, a partir de ese día, debía evitar los sobresaltos emocionales, y ella se fue calmando poco a poco.
Acarició su vientre abultado; antes había pensado que era solo grasa que no podía bajar.
Resulta que llevaba a su bebé allí dentro.
Lo mejor de todo era que Damián ya estaba convencido de que había perdido el embarazo.
—Vicente, por favor, ayúdame a organizar todo. Quiero ir al extranjero para tener a mi hija.


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