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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 156

Vicente le colgó el teléfono en la cara y lo bloqueó sin titubear.

Fue un movimiento tan rápido que Bianca ni siquiera pudo procesarlo.

—Vicente, ¿no decías que tú y Julián eran buenos amigos?

Bloquearlo de golpe era básicamente declararle la guerra.

Sin levantar la mirada, Vicente empezó a teclear en su teléfono para acusarlo con su mentor, mientras le respondía a Bianca.

—¿Cuál buen amigo? Ese tipo no es más que el perro faldero de Melisa. Ya no lo conozco. Está muerto para mí.

El teléfono de Bianca sonó. Con curiosidad, abrió el chat del grupo privado de Aro. El profesor Salazar acababa de enviar una nota de voz de sesenta segundos.

Vicente seguía escribiendo su mensaje, aún sin enviarlo.

Bianca le dio play al audio.

—¡Hugo Valente, si ese hijo tuyo no sirve para nada, tíralo a la basura! Estás perdiendo el tiempo con tus investigaciones, total, tener a ese idiota por hijo es como no tener nada. ¡Me ha hecho reír hasta que me dolió el estómago! El muy imbécil me llamó para exigirme que obligara a Vicente a echar a mi niña de la empresa y que contratara a la inútil de Melisa. ¡Incluso me sugirió que tomara a Melisa como aprendiz personal! Le dije que sí a todo porque me dio asco cruzar una palabra más con él. Ten cuidado, Hugo, no vaya a ser que la estupidez sea contagiosa. ¡Dile a tu hijo que se largue! ¡Que trabaje con él quien quiera aguantarlo, porque yo no! ¡Es una basura y...!

El audio se cortó abruptamente por el límite de sesenta segundos.

Llegaron varios mensajes de texto seguidos. Todos eran insultos del profesor Salazar, repartiendo odio tanto para Julián como para el profesor Valente.

Sin embargo, el profesor Valente no respondió.

Se encontraba aislado en una isla desarrollando un proyecto secreto y no tenía señal.

Vicente borró el mensaje que estaba redactando y resopló.

—Julián está mal de la cabeza. Ignóralo. Qué cinismo el suyo, ir a quejarse con nuestro mentor para que te despida. Está claro que Melisa le lavó el cerebro. Nunca imaginé que alguien con su supuesta elegancia fuera tan venenosa a espaldas de los demás.

Bianca tampoco imaginaba esa faceta tan oscura de Melisa.

Pero decidieron pasar de página rápidamente. Empezaron a repasar la estrategia que usarían en la cena para cerrar los detalles de la alianza.

Mientras tanto, Clara había acompañado a Sebastián al ascensor. Cuando se aseguraron de que no había nadie más, ella explotó.

—¡Hermano! ¿Qué te pareció?

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