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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 163

Era Damián.

A Bianca le pareció extremadamente ridículo.

Ahora decía que iba a recogerla.

Como si el hombre que la había echado del auto hace un rato no hubiera sido él.

Bianca no respondió, simplemente colgó la llamada y le escribió un mensaje a la abuela, diciéndole que iba en camino.

—Clara, muchas gracias. En el futuro, cualquier cosa que publique Melisa, envíamela, me servirá. Ah, y... recuerdo que tenías una grabadora de voz casera que puede durar setenta y dos horas encendida. ¿Podrías vendérmela?

Clara asintió, borró el contenido de la grabadora, la encendió y se la pasó a Bianca:

—¡A partir de hoy, vigilaré muy de cerca a esa amante de quinta!

Bianca se la guardó a modo de prueba, sin apagarla, y le advirtió a Clara:

—No te pases todo el tiempo diciéndole amante; ten cuidado, podrían tomar represalias.

Y es que, en más de una ocasión, a Clara la había traicionado su propia boca.

Clara le hizo caso y la llevó en su auto.

En la mansión principal, apenas Bianca se bajó del auto y estaba por entrar, las puertas se abrieron de par en par.

Vio salir a Damián, cuya mirada se fijó fijamente en ella.

A un lado, Bárbara Figueroa habló con tono sarcástico:

—Vaya, ¿conque al fin te dignas a volver? ¿Hiciste tu berrinche otra vez? Esta vez te funcionó bastante bien, ¡mi hermano estuvo a punto de salir a buscarte!

Mientras hablaba, se acercó a Bianca y, bajando la voz lo suficiente para que solo ellas dos se escucharan, escupió:

—¡Qué perra! ¡Cómo puedes ser tan arrastrada! Perdiste al bebé y ni así te largas, insistes en aferrarte a este lugar. Que se muriera tu bebé es tu karma, y si no te largas de una buena vez, ¡el próximo karma tal vez sea que tu padre y tu hermano se mueran también!

Bianca miró a Bárbara y luego miró de reojo a Damián, que estaba un poco más lejos.

Damián, por supuesto, no había escuchado nada. Al ver llegar a Bianca, dijo en tono indiferente:

—Ven aquí, la abuela está desesperada por verte.

Incluso extendió su mano hacia ella.

La intención era clara: quería entrar tomados de la mano.

Quería que siguieran interpretando su papel de matrimonio feliz.

Pero esta vez, Bianca no estaba dispuesta a complacerlo.

Al ver esto, Bárbara continuó bajando la voz:

—La verdadera amante es la que no es amada, ¡así que tú eres la otra! ¡Zorra arrastrada, eres lo peor! ¡Bien merecido tienes haber perdido a esa cría! Solo estás esperando que mi hermano venga a rogarte, ¿verdad? ¡No tienes ni un poco de dignidad! Menos mal que el bebé se murió; de lo contrario, al nacer habría sido igual de arrastrado que tú. ¡Suplicándole amor a un hombre!

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