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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 166

En la mesa, por primera vez, Perla Figueroa le sirvió comida a Bianca e incluso le sugirió:

—Después de perder al bebé no has descansado bien. ¿Quieres que mamá vaya a Villa Serena a cuidarte y ayudarte con tu recuperación?

Bianca apretó los labios y miró a Perla.

Tenía los ojos enrojecidos, claramente por haber llorado hace un momento frente a la abuela.

Montar ese numerito ahora era solo para dejar tranquila a la anciana, no porque de verdad le importara ella.

—No es necesario, gracias, señora. —Bianca desvió la mirada sutilmente.

Al escuchar cómo la llamaba, Perla frunció el ceño. Echó un vistazo a la abuela, que estaba mirando hacia su dirección, y en tono de reproche e insatisfacción le dijo:

—Bianca, tú y Damián no se han divorciado. ¿Por qué me llamas señora Figueroa? ¡Deberías llamarme mamá!

¿Mamá?

A Bianca le pareció absurdo.

Cuando recién se había casado con Damián la había llamado así, pero Perla le mandó a callar diciéndole que ella no era su madre.

Bianca simplemente la ignoró.

Perla miró a Damián, esperando que su hijo reprendiera a Bianca.

Para su sorpresa, Damián no le prestó la más mínima atención a su madre, y en lugar de eso, acercó un tazón de sopa hacia Bianca.

Un fuerte olor a pescado la invadió. Bianca no pudo aguantar las náuseas; sintió una arcada, se tapó la boca y la nariz, se levantó de prisa y corrió hacia el baño.

Perla frunció el ceño:

—¿Por qué parece como si estuviera embarazada? ¿No había perdido ya a su bebé?

Los pasos de Damián, que se había levantado para seguirla, se detuvieron un instante. Miró de reojo a su madre.

La abuela, muy preocupada, exclamó:

—¡Ve a verla rápido! ¡De seguro no se ha recuperado bien!

Dicho esto, golpeó los cubiertos contra la mesa.

—¡En esta casa, mientras Bianca esté presente, queda prohibido mencionar embarazos o pérdidas! ¡Le va a doler escucharlo!

Don Severiano Figueroa miró a Perla. Ella asintió obedientemente y ordenó a los empleados que cambiaran la sopa por un platillo que fuera del agrado de Bianca.

Solo entonces la anciana se calmó un poco.

En el baño, Bianca vomitaba sin control. Sintió que alguien le daba palmaditas suaves en la espalda.

Levantó una mano queriendo alejar a la persona, pues en ese momento tenía unas náuseas espantosas y se sentía muy sucia.

Pero la persona no se movió. La tomó de la muñeca y continuó frotándole la espalda.

Bianca pensó que era alguna empleada de la casa.

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