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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 187

Pero los seres humanos no pueden vivir basándose únicamente en la lógica y la razón.

—Primero asegúrate de tener al bebé a salvo. Él ya accedió a que te vayas al extranjero, ¿no? —preguntó Vicente, y tras una breve pausa reflexiva, añadió—: Bianca, tal como están las cosas, no te va a dar el divorcio hagas lo que hagas. Entonces, ¿qué más te da arriesgarte?

Bianca no entendió del todo a qué se refería, y justo cuando iba a preguntarle, vio a Julián acercarse a ella.

Colgó la llamada y esperó. Cuando Julián llegó a su lado, había perdido por completo su actitud arrogante.

—Lo siento mucho.

Al menos tenía la decencia de dar la cara y asumir sus errores.

Bianca apretó los labios:

—¿A qué viene esto, joven Julián?

Julián dudó un segundo antes de explicarle el desastre en el que se había convertido su empresa en cuestión de horas.

—Por haber asumido que eras la amante, el señor Figueroa ordenó que retuvieran por la fuerza toda mi mercancía en los puertos del Sudeste Asiático. Y no solo eso... Aunque no sé por qué se retiró de los círculos de poder en Europa hace tiempo, todavía tiene demasiada influencia allá. Mis negocios en Europa también están siendo saboteados.

Bianca frunció el ceño:

—¿Y cuál es tu intención al contarme esto?

—Quiero pedirte que intercedas por mí ante el señor Figueroa. Te pido perdón a ti y quiero pedirle perdón a él. Espero que puedan ver que mi arrepentimiento es sincero —Julián bajó la mirada, derrotado.

Bianca dejó escapar una risa seca, como si acabara de escuchar un chiste de mal gusto:

—Estás buscando a la persona equivocada.

¿Julián realmente creía que Damián lo estaba destruyendo por haberla insultado a ella?

Qué ingenuo.

—A quien debes buscar es a Melisa Serrano. El señor Figueroa está furioso y te está hundiendo porque hablaste mal de Melisa. La insultaste indirectamente, y eso es lo que él no perdona. Claro, también hay otro factor...

Pero Bianca sabía perfectamente que no tenía nada que ver con ella.

—La salud de Doña Estela.

Al escucharla, Julián finalmente comprendió la magnitud de su error.

En sus ojos, que antes la miraban con desprecio, ahora brillaba un atisbo de lástima. Lástima por Bianca.

Pero a pesar de todo, insistió:

—Lo siento. De verdad lamento haberte juzgado mal.

Luego sonrió con amargura, riéndose de su propia estupidez:

—Nunca imaginé que la diosa a la que tanto admiré y respeté todos estos años, resultaría ser lo que más desprecio...

Una rompehogares.

Bianca no dijo nada.

Capítulo 187 1

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