Xavier Soler clavó la vista en la marca roja que cruzaba la mejilla de Romeo.
—¿Qué demonios te pasó? —preguntó.
Romeo ignoró a Xavier y dirigió su mirada directamente hacia Damián Figueroa.
—Hay algo que necesitas saber —dijo en tono grave.
Sin más preámbulos, Romeo sacó su celular y le dio play a un archivo de audio.
Resultó que, cuando Bianca había sacado su grabadora, Romeo, impulsado por la rabia, también había encendido la grabadora de su teléfono sin que nadie lo notara.
El audio resonó en la habitación, nítido y cargado de veneno:
'Tenías razón en algo, Romeo. No tengo la más mínima intención de divorciarme de Damián Figueroa. Todo lo que he hecho es para salvar mi matrimonio. ¡Amo a Damián con locura! Lo amo tanto que no toleraré que nadie se interponga. Y no solo voy a usar todos los medios a mi alcance para retenerlo, sino que le daré más hijos. ¡Me aferraré al título de la señora Figueroa y lo ataré a mí para siempre...'
Al terminar la reproducción, un silencio sepulcral se apoderó del salón privado.
—La herida en tu cara... ¿te la hizo ella? —preguntó Xavier. Siempre había sabido que Bianca era una mujer manipuladora y la despreciaba por ello, pero escucharla confesar sus intenciones con tal descaro dejaba en evidencia que se sentía intocable gracias al respaldo de la abuela Figueroa.
Romeo asintió lentamente.
Xavier adoptó una expresión sombría y se giró hacia Damián.
—Damián, ¿qué tienes que decir al respecto?
Damián tomó el teléfono de Romeo y reprodujo el audio una vez más, escuchando cada palabra con atención.
La tenue iluminación del lugar no permitía descifrar su expresión, pero la pesada energía que emanaba de él dejaba claro que estaba sumamente disgustado.
Que Bianca hubiera provocado a Melisa de esa manera, llamándola amante a la cara... Y el hecho de que Melisa no hubiera asistido a la cena, era prueba suficiente de que las palabras de Bianca la habían destrozado emocionalmente.
Xavier decidió fijar su postura:
—Melisa me salvó la vida, y lo hizo sin pedir absolutamente nada a cambio. No puedo simplemente ignorar lo que le pase. Que Bianca la haya insultado así debe tenerla devastada. Melisa es una mujer digna y jamás te pondría en una posición difícil, pero no me voy a quedar de brazos cruzados viendo cómo la señalan y la llaman 'la otra'. Sé que este es tu problema, Damián, y no debería meterme, pero hoy solo te haré una pregunta: ¿cuándo te vas a divorciar de ella?
Damián le arrojó el teléfono a Romeo sobre la mesa. Su mirada, oscura e insondable, se clavó en su amigo.
—¿Qué le dijiste para provocar que soltara todo eso?
El corazón de Romeo dio un vuelco. No esperaba esa reacción.
Por supuesto, no se atrevía a confesar que se había burlado de la muerte de su hijo. Si lo hacía, arrastraría a Melisa con él.

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