—¡Quiero que Romeo se pudra en la cárcel! ¡Y voy a demandarlo a él, a sus trolls pagados y a todos los que lo defienden hasta destruirles la vida!
Bianca golpeó la mesa, dejando caer los resultados de la investigación que Vicente le había entregado la noche anterior.
Perla tomó los documentos y los revisó rápidamente.
El informe detallaba claramente el rastreo de las direcciones IP y demostraba con pruebas irrefutables que Romeo Paredes era el autor intelectual detrás del linchamiento mediático.
Perla, en el fondo, apoyaba que Bianca defendiera sus derechos.
Pero...
Si llegaban a tribunales, la alianza histórica entre la familia Figueroa y la familia Paredes quedaría destruida para siempre.
Además...
—Bianca, los Paredes no saben que tú y Damián están casados. Su matrimonio es un secreto. Si lo supieran, jamás le habrían permitido a Romeo llegar a estos extremos. Tu bebé... tu bebé ya no está. Deberías usar esto a tu favor para exigirles una compensación multimillonaria a los Paredes. ¡Yo misma daré la cara por ti! Les revelaré que eres la esposa de Damián y seré tu testigo principal.
El instinto calculador de Perla salía a flote. Su primer impulso, moldeado por años en la élite, era convertir cualquier desgracia en un beneficio financiero tangible.
Pero Bianca no quería su dinero.
Quería ver a Romeo tras las rejas.
—Señora Perla, creo que tenemos principios muy diferentes. No hay nada más que hablar.
Al ver que Bianca se dirigía a la puerta, Perla entró en pánico. La tomó del brazo con fuerza, impidiéndole el paso.
—¡Espera! Déjame llamar a Damián para entender qué está pasando. ¡Seguro tiene una explicación lógica para todo esto!
Perla llevaba desde el día anterior intentando comunicarse con su hijo, sin éxito.
Había pensado en llamar a Melisa para preguntarle, pero recordó que hace unos días, en un arranque de dignidad, la había bloqueado y eliminado de sus contactos...
Al final, sin soltar el brazo de Bianca, marcó el número de Damián.
El teléfono sonó solo una vez antes de que alguien respondiera.
—Damián, ¿dónde demonios te metiste? Tú...

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