—Ella es mi esposa.
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¿Es su esposa?
Lorenzo no podía dar crédito a sus oídos:
—¿Qué?
¿Bianca... era la esposa de Damián?
¿La señora Figueroa?
Entonces... ¿qué era su cuñada?
¿Quién era Melisa Serrano?
Antes de que pudiera preguntar más, el doctor entró:
—La señora Perla desea ver a su esposa, señor Figueroa.
Damián echó un vistazo a Bianca, que seguía profundamente dormida.
El doctor le había administrado sedantes y anestesia, así que tardaría un poco en despertar.
—¿Qué dijo mi abuela? —preguntó Damián.
El doctor respondió con franqueza:
—La señora tuvo una pesadilla. Despertó asustada, diciendo que soñó que abusaban de la señora Bianca y que lloraba de manera desconsolada. Dijo que lamentaba lo ocurrido hoy en la mañana, que seguramente su esposa estaba triste y que la quería ver para comprobar que estaba bien, aunque solo fuera por teléfono.
Damián guardó silencio un instante y asintió.
—Iré a verla.
Lorenzo se quedó en la puerta, viendo cómo Damián se alejaba.
Su mente era un caos total.
Al girar la cabeza, vio a Vicente Ávila de pie detrás de él.
Vicente ya había leído el parte de lesiones de Bianca.
¡Estaba gravemente herida! ¡Demasiado grave!
El informe detallaba que, además de la bofetada y el golpe en la cabeza, presentaba lesiones graves y fracturas en brazos y piernas, lo que podría impedirle moverse en el futuro. Tenía daños en los órganos internos y no podría levantarse de la cama en al menos un año.

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