Melisa sonrió, sin volver a mencionar a Bianca.
Estar siempre hablando de alguien tan inferior a ella le restaba clase, algo que también le había recordado a Ximena. Y en ese punto, Ximena estaba completamente de acuerdo.
—¿No se supone que la Cumbre Científica tiene única y exclusivamente dos cupos especiales? —había comentado Ximena—. La primera categoría especial se divide en dos: primero, para personas excepcionales con habilidades extraordinarias, y segundo, para talentos brillantes que aún no tienen resultados tangibles. La segunda categoría es solo para tener acceso a la transmisión en vivo. Podrías pedirle a Damián que mueva unos hilos y te asegure el segundo tipo de la primera categoría.
Melisa, por supuesto, lo había pensado.
Pero su orgullo pesaba más.
—Confío en que podré entrar por mis propios méritos, todavía hay tiempo de sobra. No voy a molestarlo con un asunto tan trivial.
Al decirlo, Melisa no pudo evitar una sonrisa de autosuficiencia.
Si se tratara de Bianca, seguramente estaría rogando y dependiendo de un hombre para conseguir su pase.
O peor aún, si Bianca se enterara de que ella iba a asistir, sin duda correría a suplicarle ayuda a Vicente Ávila.
Lástima para ella que, en eventos de tal magnitud, no se le daría la oportunidad a personas irrelevantes de usar atajos. ¡Esas eran puertas académicas que ni siquiera el dinero podía abrir!
¡Todo era absolutamente justo!
❀
—Bianca, te felicito de todo corazón. Desde que regresaste hasta ahora, has logrado tu mayor avance. El comité organizador de la Cumbre Científica ha tomado una decisión definitiva: ¡te han otorgado el único pase especial de primera categoría disponible!
Las palabras de Vicente dejaron a Bianca sin aliento.
Como esa noche tenía que ir a la mansión de la familia Figueroa, se había apresurado a pulir la última versión de su artículo sobre inteligencia artificial y desarrollo de tecnología médica. Se lo había enviado a Vicente para que le diera un vistazo...
—Vicente, ese artículo todavía no cumplía con mis expectativas. Quería esperar a obtener más datos —dijo Bianca, dudando un poco.
Vicente conocía perfectamente la actitud casi obsesivamente estricta de Bianca en cuanto a la investigación científica.
Por eso, él mismo lo había enviado directamente.

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