La pantalla del teléfono de Damián se encendió con un asunto de trabajo. Él se puso de pie.
—El chantaje emocional no funciona conmigo, solo me interesan los beneficios tangibles. Les sugiero que se calmen y piensen bien cómo negociar antes de volver a abrir la boca.
Estaba a punto de salir y le lanzó una mirada a Bianca, indicándole que podía manejar la negociación ella misma.
La mirada temblorosa de Flavia se dirigió a Bianca...
Cuando Bianca salió al pasillo, Damián ya había terminado de hablar con sus socios comerciales.
—Vas a devorar a la familia Aguirre —afirmó ella con seguridad.
Después de pasar cuatro años a su lado, conocía de sobra sus métodos.
Naturaleza humana, riqueza, poder... veía claramente el sinfín de fichas y tentaciones en el tablero. Él era un experto indiscutible en los juegos del capital.
Damián la miró de reojo, apagó la pantalla de su teléfono y no respondió.
Justo cuando pasaba por su lado, Bianca lo llamó:
—Señor Figueroa.
Damián se detuvo.
—Si no me equivoco, esta es la segunda vez que me miras con esa expresión. La primera vez lo dejé pasar, pero ahora...
Se giró para mirar a Bianca, que estaba de pie bajo la luz.
—La acumulación de capital está manchada de sangre y suciedad. Si no puedes soportarlo, entonces búscate un trabajo de caridad donde puedas compadecerte del mundo y liberar toda esa piedad que llevas dentro.
Bianca se quedó petrificada, respirando hondo.
Cuando se dio la vuelta para entrar, recibió un mensaje urgente de Clara.

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