¿Quién en su sano juicio se creería eso?
Era humanamente imposible.
—Dicen que Bianca es la jefa del proyecto —comentó Nico en voz baja—, pero la que venía a las reuniones a negociar era Clara. Casi todo lo manejó ella. Ya sabes cómo es esto: alguien que ha ganado premios internacionales hace un trabajo espectacular. La aplicación es oro puro, no tiene un solo defecto. ¡Es una pena que haya trabajado tanto para que el crédito se lo lleve otra!
Que el crédito se lo lleve otra...
Melisa captó el mensaje al instante.
Todo era una jugada de Vicente. Él le había ordenado a Clara que le hiciera el trabajo sucio a Bianca, usándola como un simple escalón para que Bianca brillara.
En el fondo, Bianca era una inútil.
Le estaban regalando el éxito en bandeja de plata.
El rostro de Melisa se tensó, pero le dedicó a Nico una sonrisa condescendiente.
—Este mundo está lleno de gente así. No olvides que Bianca es la consentida de Doña Estela Figueroa. Guárdate lo que piensas, no hace falta decirlo en voz alta.
Nico asintió, entendiendo la indirecta.
Con expresión gélida, Melisa le ordenó a Andrés, su gerente, que preparara todo para la reunión.
Si Bianca seguía por ese camino, en cuanto se enterara de la Cumbre Científica, lo más seguro es que intentaría colarse copiando su estrategia.
Pero sin resultados de investigación reales, Bianca jamás pondría un pie ahí. A lo mucho, conseguiría una contraseña para ver el evento por internet...
Al pensarlo, Melisa no pudo evitar sentir que Vicente había perdido la cabeza por completo.
Una mujer como Bianca no tenía escrúpulos. Su única estrategia en la vida era depender de los hombres, esperando sentada a que le dieran todo masticado y en la boca.
Melisa negó con la cabeza, sintiendo una mezcla de lástima y desprecio.
En cuanto a Clara...
El talento de Clara era innegable. Había creado una maravilla de software. Si pudiera convencerla para que trabajara bajo su mando...
Pero Clara tenía una imagen muy equivocada de ella en este momento.
—Señorita Serrano, ya tenemos el reporte sobre los antecedentes de Clara —anunció Andrés, acercándose con una carpeta.
Al leer el documento, Melisa se quedó helada.
¡Quién lo diría! La madre de Clara era nada menos que una de las ginecólogas más prestigiosas del país, jefa de departamento en el Centro Médico Figueroa. ¡Y su hermano mayor era Sebastián Salinas, el famoso director!
—Guarda esto muy bien. Tenemos que buscar la manera de reunirnos con el director Salinas. Estoy segura de que él... no tiene idea de que están utilizando a su talentosa hermana como un simple peón.

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