Bianca acompañó a Don Rogelio hacia la habitación del hospital. Al ver que no había nadie más, él le dijo:
—Bianca, quería preguntarte algo. Ya que se firmó el acuerdo de confidencialidad, ¿por qué te niegas a verlo?
Bianca captó de inmediato a qué se refería el señor Soler.
Después de todo, con el acuerdo firmado y la próxima colaboración público-privada del "Plan Providencia" gestionada por Tomás Santillán, Xavier Soler podría unirse al proyecto.
Ignorarlo indefinidamente tampoco era lo ideal.
—Pronto usaré mi otra identidad para responderle. Quiero evaluarlo personalmente una vez más —explicó ella.
Don Rogelio asintió, satisfecho con la respuesta. También estaba buscando el momento adecuado para preguntarle cuándo planeaban ella y Damián formalizar su divorcio.
Una vez divorciados, Xavier tendría una oportunidad.
Cuando entraron a la habitación, escucharon las voces de los que salían, en especial la de Don Renato, que no paraba de alabar a Melisa.
Doña Estela, que no era ninguna ingenua, preguntó con una sonrisa perspicaz:
—Si nuestra Melisa es tan excepcional, ¿por qué el profesor Salazar no la acepta como su estudiante? En la estación de televisión la rechazó delante de todos sin el menor tacto, y ahora resulta que sí le parece buena. Qué curioso.
El profesor Salazar sabía que Doña Estela era astuta y difícil de tratar, así que simplemente se rio.
—Estoy viejo, enfermo y sin energía. No lo tome a mal, señora, no solo no la acepté a ella, sino que ya no aceptaré a ningún otro estudiante. Además, aún no ha demostrado resultados recientes. ¡Yo busco a alguien que ya venga con el talento comprobado!
Esa frase estaba cargada de intención.
Melisa tenía el respaldo financiero de la familia Figueroa; si en el futuro obtenía grandes logros y decidía refugiarse bajo la tutela del profesor Salazar, sería como regalarle todo el mérito en bandeja de plata.
Don Severiano enarcó una ceja.
—¿Ah, sí? Incluso como estudiante honorífica bajo su nombre, sería beneficioso. Si dice que es tan talentosa, sin duda logrará grandes cosas en el futuro, y eso le dará mucho prestigio a usted.
El profesor Salazar miró a Don Severiano pensando que realmente eran tal para cual en esa familia: todos cortados por la misma tijera, calculadores hasta el tuétano.
—Cuando tenga resultados concretos y cruce el umbral que busco, la aceptaré. Por ahora, considerémoslo una prueba. De lo contrario, otros vendrán a suplicarme que los reciba y eso sería un dolor de cabeza. Que Melisa sea el filtro; si ven que no la acepto a pesar de ser tan brillante, naturalmente se rendirán y dejarán de molestarme. Jaja.

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