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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 614

—Sigue con la cuenta regresiva, pero dile a Tomás Santillán que se prepare para una demanda en cualquier momento. Hay que estar listos —escribió.

A Vicente no le parecía necesario.

Después de todo, si Melisa llevaba el acuerdo de divorcio, era imposible que Damián no lo firmara.

Decidió llamarla directamente y le dijo:

—Me parece que tu sueño de buscar a otro hombre se acaba de romper. Cuando Mateo llegó, varios herederos millonarios sabían que venía por los Figueroa. Ahora, tanto él como don Renato están esparciendo el chisme por todo nuestro círculo.

Bianca procesó sus palabras por un largo rato antes de responder:

—Cuando una mujer sufre por amor y pasa por momentos difíciles en la vida, el peor error que puede cometer es esperar a que un hombre más poderoso venga a salvarla.

El acuerdo de Damián estaba diseñado para mantener la autoridad de la familia Figueroa, pero ella no era ninguna tonta. A partir de lo sucedido hoy, para alguien como ella que ya no tenía interés en buscar a otro hombre, los beneficios superaban con creces las desventajas, que eran prácticamente nulas.

Por fin podría concentrarse en ascender tranquilamente.

—No te preocupes, no pasa nada —se escuchó la voz del profesor Salazar de fondo; al parecer, Vicente le había pasado el teléfono—. Ese acuerdo, visto desde esta perspectiva, beneficia tanto a la familia Figueroa como a ti. Solo hay un detalle: no puedes bajar la guardia ni por un segundo cuando trates con Damián.

La expresión de Bianca se relajó. Caminó hacia la zona de rocas del jardín y bajó la voz:

—Siento mucho haberle causado tantas preocupaciones. ¿Cómo se siente hoy? ¿Debería volver al hospital?

—¡Nadie en su sano juicio quiere estar internado! —exclamó Sergio. Estaba harto del hospital.

Pero en ese momento, Vicente insistía en llevarlo, y él se aferraba a la idea de ir a casa. Vicente había detenido el auto para que Bianca intentara convencerlo.

Aun así, él se mantuvo firme:

—¡No voy a ir, no voy! —gritó a todo pulmón.

—Aún no se ha recuperado por completo, tiene que ir, ¿de acuerdo? Cuando esté totalmente sano, podrá ir a donde quiera, ¡pero ahora todos dependemos de usted! —dijo Bianca con doble intención, sabiendo que el profesor extrañaba a la pequeña Lucía.

Pero Sergio se negaba rotundamente. Ni Vicente ni Bianca lograron hacerle cambiar de opinión.

Sergio soltó un largo suspiró:

—Ese es el territorio de Damián, ¿no se dan cuenta? Si vuelvo, tengo miedo de que me obligue a aceptar a Melisa como mi estudiante o a ayudarla en algo. Sí, la chica tiene algunos conocimientos básicos, pero a lo largo de mi vida he visto a infinidad de genios. ¡En el Instituto de Investigación 511 sobran los prodigios! Ella no es nada especial. Si recibo sus favores, me veré comprometido. ¡Prefiero morirme en la calle antes que volver a pisar ese lugar! Si me enfermo otra vez, no me lleven ahí. No voy a ir.

Justo cuando Bianca estaba a punto de usar a Lucía como excusa para convencerlo, vio que Damián se acercaba.

La miraba fijamente, como si tuviera algo que decirle. Bianca se preparó para colgar.

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