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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 621

Vicente entró con Bianca y le comentó de pasada:

—La gente de Melisa ya envió el acuerdo de divorcio al licenciado Solís. Él me envió un mensaje antes de entrar a un juicio comercial hoy, diciendo que su asistente lo recibió y que lo revisará en cuanto vuelva.

Bianca se quedó pasmada un segundo, pero luego asintió sin sorpresa.

Vicente, por el contrario, estaba exasperado.

—De verdad no esperaba que Melisa fuera tan efectiva.

Murmuró una grosería por lo bajo y Bianca no pudo evitar mirarlo.

—Es que siento que no fue justo para ti —continuó Vicente—. En su momento, fue imposible que te diera el divorcio. Esa noche en el yate de la familia Soler, Damián Figueroa saltó a mar abierto solo para salvar a Melisa. Después, tú le diste una bofetada a ella, Damián lo vio y te pidió el divorcio. Solo por una bofetada. Él ya cargaba con ese acuerdo prenupcial que lo dejaba en la calle si se divorciaba, y aun así te lo propuso.

—Y ahora —prosiguió—, deja que Melisa le lleve el acuerdo y él lo firma sin dudarlo. Le cumple cualquier capricho a esa mujer, no soporta que sufra la más mínima molestia, le da todo su respeto. Si hubiera sabido que Melisa tenía tanta influencia sobre él, no habríamos perdido tanto tiempo antes.

Para Bianca, todo aquello era lo más normal del mundo. Después de todo, Damián amaba profundamente a Melisa.

Si estaba dispuesto a regalarle empresas valoradas en millones, y ahora que el mundo entero conocía su historia de amor, el divorcio era un hecho innegable. No había nada de raro en ello.

—¡Primero quiero ver a mi pequeña Lucía! —dijo Bianca, quitándole importancia al asunto. Había estado feliz durante todo el trayecto, ansiosa por ver a la hija que tanto extrañaba.

La pequeña Lucía ya sabía gatear. Al escuchar la voz de Bianca, no dejó que Clara la cargara más. Se deslizó emocionada y gateó hacia ella, balbuceando.

—Ma... ma...

La pronunciación no era para nada exacta, pero se distinguía claramente que intentaba decir mamá.

El corazón de Bianca se derritió por completo y, sin saber cómo, se le humedecieron los ojos.

—Mi tesoro hermoso, ¡mamá te extrañó muchísimo! —Bianca abrazó a la bebé, notando que pesaba un poco más.

Era evidente que dejarla con la familia Ávila había sido la decisión correcta.

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