Unos días antes de partir hacia el Ártico, sucedió un pequeño incidente.
Nerea, representando al equipo de Fred, asistió a un evento de negocios. A mitad de camino, por alguna razón, empezó a sentirse mal del estómago y con ganas de vomitar.
Al verla así, Sofía, sorprendida, se tapó la boca y exclamó: —¡Nere, no me digas que estás... embarazada!
—¿Qué dices?
—Dios mío, ¿tan joven y ya voy a ser comadre?
—Pero cómo voy a...
Sin dejarla terminar, Sofía la arrastró al hospital.
—Sofi, suéltame, es imposible.
Roman siempre tomaba precauciones y controlaba los detalles minuciosamente, como un verdadero obsesionado, temiendo que ella pudiera quedar embarazada.
—Mejor prevenir que lamentar, ¿y si sí?
—…
Con la mentalidad de que más vale prevenir que curar, el médico terminó diagnosticándola con una indigestión.
Nerea dijo: —Te dije que era imposible. Debe haber sido la fruta del evento que no estaba fresca.
—Pero, pero...— Sofía tartamudeaba, claramente incómoda, —pensé que estabas embarazada y ya lo anduve contando.
—¿Qué? ¡Ay, Sofi, la que me armaste!
Antes de que pudiera terminar, vio a Roman llegar corriendo, preocupado, revisándola de arriba abajo con ansiedad en su mirada.
—Roman, tranquilo, no me pasa nada. No estoy embarazada, solo fue una mala digestión. Ya ni me dan ganas de vomitar.
Al escucharla, él suspiró aliviado y la abrazó fuertemente, como si finalmente pudiera estar tranquilo.
—Nea, no te preocupes, en adelante voy a tener aún más cuidado para que no quedes embarazada.
Nerea: —…— ¿Por qué eso sonaba tan mal?
Al principio, pensó que era broma cuando decía que no quería hijos, que quería divertirse con ella toda la vida, pero ahora... ¿realmente no planeaba tenerlos?
¡Eso no podía ser! A ella le encantaban los niños.
En la quietud de la noche, Roman abrazaba a Nerea, cuyas mejillas estaban sonrojadas y el cuerpo, lleno de sudor, como si la hubieran sacado del agua, tratando de consolarla con dulzura.
—¡Amor!
Nerea, con un tono de voz suave y ojos seductores, le preguntó: —¿Por qué no quieres tener hijos?
—La vida es demasiado corta, no es suficiente para disfrutarte solo a ti, Nea.
—No permitiré que nadie te quite ni un poco de tu energía y amor, todo debe ser únicamente para mí, mi Nea.
—Pero...
Ella, tocándose suavemente el vientre plano y provocativamente dijo: —Quiero llevar aquí dentro a un niño que sea solo tuyo, que sea la mezcla de nuestros seres, el fruto de nuestro amor. Que, al verlo, todos sepan que somos sus padres.

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